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CARLOS PELLICER, Poeta Mexicano

Poemas: Canto Destruído, El Viaje y Breve informe sobre MACHU PICCHU


INDICE DE POETAS



EL VIAJE

Y moví mis enérgicas piernas de caminante
y al monte azul tendí.
Cargué la noche entera en mi dorso de Atlante.
Cantaron los luceros para mí.
Amaneció en el río y lo crucé desnudo
y chorreando la aurora en todo el monte hendí.
Y era el sabor sombrío que da el cacao crudo
cuando al mascar lo muelen los dientes del tapir.
Pidió la luz un hueco para saldar su cuenta;
(yo llevaba un puñado de amanecer en mí).
Apretaron los cedros su distancia, y violenta
reunió la sombra el rayo de luz que yo partí.
Sobre las hojas muertas de cien siglos, acampo.
Vengo de la montaña y el azul retoñé.
Arqueo en claro círculo la horizontal del campo.
Sube, sobre mis piernas, todo el cuerpo que alcé.
Rodea el valle. Hablo,
y alrededor, la vida, sabe lo que yo sé.




  BREVE INFORME SOBRE
      MACCHU PICCHU

          (Fragmento)

a Miguel Mujica Gallo

La lluvia cae sobre los siglos
y en una gota,
se oye el rebumbio del Urubamba.
Con sus motores anaranjados
el río arde su espuma a piedra
y desbarata mirada y tiempo.
Los andarines árboles trepan
su vida joven
y haciendo abismos de luces sólidas
el sol arruina sombras sonoras
en un torrente de elevaciones acuchilladas.

El ajetreo de la catástrofe
construye líneas
y el cielo llega con el galope que un trueno guía.

Siento en mis manos
el poderío que da la nada.

Naturacosa tartamudea
ante el desfalco de su riqueza.

Huesos del día quedan tirados
en un recuerdo.

Mis manos huyen de la esperanza
y se refugian en una fecha.

El Urubamba se dice a solas.
Mi nube viaja con rumbo fijo.
Tiros abiertos de golondrinas
tachan errores en el espacio.

Suspendo el vuelo de esta escritura
por pulsaciones del Urubamba.
Hay un convenio con los arcángeles
en cada cima.
Lo enorme con lo fino del dibujo
me está desalojando de mis ojos.
Junto al abismo instalan las orquídeas
su pequeño reinado.

Yo arriesgo una mirada a lo increíble
y siento azul la soledad del tiempo.
Encaramados en cualquier palabra
los dedos abandonan el teclado.

¿Con quién estoy, que siento las preguntas
como un llegar de pájaros?
Una presencia inútil, una mano
que sonríe en mi hombro
¿Pudiera convencerme de que todo esto
es seriamente realidad? Las cumbres
me ven sin ojos y el aire sin cielo
respira lejos de lo que yo soy.

Nada tengo que hacer en esta
piedra que fue habitada. Todo está exacto como estaba
salvo los techos que el agua pudrió.

La ausencia se llevó modos y sombras
y sólo quedaron la noche y el día.
¿Por qué constrir aquí? ¿Qué desición
de aislamiento tan alto y rebosante?
Todo a la luz del cielo y a la sombra
de todas las estrellas. Toda entera
la consideración del Urubamba
Una vida alegórica rodeada
de una especie de injusta perfección.
Nada supimos ni sabremos nunca.

Nadie está aquí y aquí nadie quisiera
ser víctima de nadie.
Hay un reposo viviente.
Hay una hermosa sobriedad
proferida en la piedra; la palabra
no es lo mejor para comunicarla.

Es la Naturacosa la que estalla,
aquí; estas piedras
son la elegancia y la moderación.

Ser piedra es ser aquí lo más humano:
Tienen todo lo bueno, ¿También todo lo malo?
La mano alimentó la humanidad
a estos muros hablados como yo nunca he oído
Dicción tan silenciosa que para bien oirla,
hay que encender el fuego
de un pensamiento obscuro.
Junto al templo más hondo
se mira una pared
con las tres ventanas más hermosas del mundo.



CANTO DESTRUIDO

¿En qué rayo de luz, amor ausente
tu ausencia se posó? Toda en mis ojos
brilla la desnudez de tu presencia.
Dúos de soledad dicen mis manos
llenas de ácidos fríos
y desgarrados horizontes.

Veo el otoño lleno de esperanza
como una atardecida primavera
en que una sola estrella
vive el cielo ambulante de la tarde.

Te amo, amor, y nada estoy diciendo
para llamarte. Siento
que me duelen los ojos de no llorar. Y veo
que tu ausencia me encuentra
como el cielo encendido
y una alegría triste de no usarla
como esos días en que nada ocurre
y está toda la casa
inútilmente iluminada.

En la destruida alcoba de tu ausencia
pisoteados crepúsculos reviven
sus harapos, morados de recuerdos.
En el alojamiento de tu ausencia
todo lo ocupo yo, clavando clavos
en las cuatro paredes de la ausencia.

Y este mundo cerrado
que se abre al interior de un bosque antiguo,
ve marchitarse el tiempo,
despolvorearse la luz, y mira a todos lados
sin encontrar el punto de partida.

Aunque vengas mañana
en tu ausencia de hoy perdí algún reino.

Tu cuerpo es el país de las caricias,
en donde yo, viajero desolado
-todo el itinerario de mis besos-
paso el otoño para no morirme,
sin conocer el valor de tu ausencia
como un diamante oculto en lo más triste.




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