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Abraham Valdelomar 

  escritor peruano de cpmienzos del siglo XX - Valdelomar es el fundador de la moderna  
narrativa peruana - lea aquí cuentos El caballero Carmelo y Hebaristo, analizados  


MAS CUENTOS AQUI:


EL CABALLERO CARMELO

(cuento)

Abraham Valdelomar

El Caballero Carmelo defendió el honor de la familia,
los niños sintieron su pérdida

Un día, después del desayuno, cuando el sol empezaba a calentar, vimos aparecer, desde la reja, en el fondo de la plazoleta, un jinete en bellísimo caballo de paso, pañuelo al cuello que agitaba el viento, sanpedrano pellón de sedosa cabellera negra y henchida alforja, que picaba espuelas en dirección a casa.

Reconocímosle. Era el hermano mayor que, años corridos, volvía. Salimos atropelladamente gritando:
-¡Roberto! ¡Roberto!
Entró el viajero al empedrado patio donde el ñorbo y la campanilla enredábase en las columnas como venas en un brazo y descendió en los de todos nosotros. ¡Cómo se regocijaba mi madre! Tocábalo, acariciaba su tostada piel, encontrábalo viejo, triste, delgado. Con su ropa enpolvada aún, Roberto recorría las habitaciones rodeado de nosotros; fue a su cuarto, pasó al comedor, vio los objetos que se habían comprado durante su ausencia, y llegó al jardín:
-¿Y la higuerilla? -dijo.
Buscaba, entristecido, aquel árbol cuya semilla sembrara él mismo antes de partir. Reimos todos:
-¡Bajo la higuerilla estás!...
El árbol había crecido y se mecía armoniosamente con la brisa marina. Tocóle mi hermano, limpió cariñosamente las hojas que le rozaban la cara, y luego volvimos al comedor. Sobre la mesa estaba la alforja rebozante; sacaba él, uno a uno, los objetos que traía y los iba entregando a cada uno de nosotros. ¡Qué cosas tan ricas! ¡Por donde había viajado! Quesos frescos y blancos, envueltos por la cintura con paja de cebada, de la Quebrada de Humay; chancacas hechas con cocos, nueces, maní y almendras; frijoles colados, en sus redondas calabacitas, pintadas encima con un rectángulo del propio dulce, que indicaba la tapa, de Chincha Baja; bizcochuelos en sus cajas de papel, de yema de huevo y harina de papas, leves, esponjosas, amarillos y dulces; santitos de "piedra de Guamanga" tallados en la feria serrana; cajas de manjar blanco, tejas rellenas, y una traba de gallo con los colores blanco y rojo. Todos recibimos el obsequio, y él iba diciendo al entregárnoslo:
-Para mamá... para Rosa... para Jesús... para Héctor...
-¿Y para papá -le interrogamos, cuando teerminó:
-Nada...
-¿Cómo nada para papà?...
Sonrió el amado, llamó al sirviente y le dijo:
-¡El Carmelo!
A poco volvió éste con una jaula y sacó de ella un gallo, que, ya libre, estiró sus cansados miembros, agitó las alas y cantó estentóreamente:
-¡Cocorocóoooo!...



HEBARISTO,
EL SAUCE QUE MURIÓ DE AMOR

Abraham Valdelomar

Cuento
Hebaristo y Evaristo, corrían suertes parejas en lo poco afortunados que eran en el amor

Inclinado al borde de la parcela colindante con el estéril yermo, rodeado de "yerbas santas" y llantenes viendo correr entre sus raíces que vibraban en la corriente, el agua fría y turbia de la acequia, aquel árbol corpulento y lozano aún, debía llamarse Hebaristo y tener treinta años. Debía llamarse Hebaristo y tener treinta años, porque había el mismo aspecto cansino y pesimista, la misma catadura enfadosa y acre del joven farmacéutico de "El amigo del pueblo", establecimiento de drogas que se hallaba en la esquina de la Plaza de Armas, junto al Consejo Provincial, en los bajos de la casa donde, en tiempos de la independencia, pernoctara el coronel Marmanillo, lugarteniente del Gran Mariscal de Ayacucho, cuando presionado por los realistas, se dirigiera a dar aquella singular batalla de la Maracona.


Abraham Valdelomar (Ica, 1888, Ayacucho 1919); versátil escritor peruano que cultivó tanto la poesía como la narrativa, el relato costumbrista y el ensayo así como también fue gran dibujante. Valdelomar es considerado uno de los pilares de la moderna narrativa peruana. En 1916 fundó la revista Colónida, de efímera vida, como la mayoría de revistas literarias, pero bastaron los 4 números editados para marcar época en la literatura peruana de comienzos de siglo XX. José Carlos Mariátegui dice de ella, "...Colónida no fue un grupo, no fue un cenáculo, no fue una escuela, sino un movimiento, una aptitud, un estado de ánimo." En estas páginas presentamos sus mejores relatos breves.


Análisis del cuento El Caballero Carmelo

Cantidad de palabras: 3490
Formato: Contado en primera persona, tiempo pasado, lineal.

El Caballero Carmelo es uno de los cuentos más famosos de la narrativa peruana de comienzos del siglo XX, y aún en nuestros días sigue siendo popular especialmente entre la gente joven.

Contado en primera persona por un niño de 12 años, el cuento transmite muy bien el ambiente pueblerino, la época, el color y el tono conmovedor del niño y de sus hermanos que tratan de salvar a un viejo gallo de pelea, que debe enfrentarse a otro más joven, sólo por lavar el honor del dueño (padre de los niños), cuyo orgullo fue menoscabado al ser tildado de ser un fanfarrón.
Este cuento fue bastante moderno para su época, especialmente por el estilo literario que exhibe en los primeros párrafos donde Valdelomar captura muy bien a sus lectores. La apertura del cuento está construída como para despertar la curiosidad del lector y no deje de leer para enterarse de algo muy interesante.

La acción se sitúa en ambiente rural de la provincia de Pisco, al sur de Lima. El narrador cuenta como es que él y sus hermanos menores, tratan de hacer que su padre desista de hacer pelear a su gallo carmelo.
El Carmelo, sacando fuerzas de flaqueza, gana. Esto lo convierte en héroe, pero al día siguiente muere a consecuencia de las heridas recibidas. El final se puede interpretar técnicamente como un anti-clímax pues el verdadero desenlace es cuando el Carmelo se impone al otro el día anterior y hay un final feliz. Los niños no admiran al gallo por su valentía ni por su habilidad para matar, más bien es todo lo contrario, de modo que Valdelomar, hombre muy sensible y que escribe lo que siente, alarga la historia un día más para ver la secuela. En esa parte final es mostrado el sufrimiento del narrador al ver agonizar al gallo. Este final es parecido al de Desayuno en Tiffany's, donde también hay una secuela, en ella el narrador dice sus últimas palabras para no dejar cabos sueltos. En esa parte de la novela corta de Capote, nos enteramos sobre la suerte del gato, y algo importante que hay que tener en cuenta es que el narrador no está involucrado en la historia que cuenta, él no es mas que un frío narrador. En cambio en este cuento la curva del drama que había bajado después del triunfo del Carmelo, vuelve a elevarse muy alto hasta que tiene su desenlace final cuando el gallo, como todo un noble gladiador, da unos pasos hacia la ventana, despliega sus alas, canta, luego dobla el pescuezo y cae abatido causando gran impacto en el niño, como si en vez del gallo hubiera visto venirse abajo la torre de una catedral. En ese momento el sentimiento de pena que soporta el narrador es muy fuerte y el lector esta confundido: ha sentido primero admiración por la victoria del Carmelo, y después pena por su muerte. Dos grandes impresiones a muy corta distancia una de otra.

Detalle importante es la moderna apertura del cuento. Luis Alberto Sánchez se ocupa de ello en su obra en 5 tomos, "La Literatura Peruana". Sánchez nota dos cosas interesantes en esta introducción: primero que en el cuento se encuentra la misma melancolía que hay en los versos finales del soneto Tristitia, (de Valdelomar), pero lo que más llama su atención es la forma en que él emplea los adjetivos en la apertura e inclusive reproduce esas primeras 17 líneas a cuyo final comenta: "...Este solo trozo demuestra las virtudes plásticas y, al par, sugestivas y musicales del estilo de Valdelomar...".

A lo anterior habría que agregar que Valdelomar, en esa introducción, utiliza párrafos con oraciones compuestas, de doble acción, en la que se intercala descripción y movimiento. Acción es la palabra clave aquí. Mientras los adjetivos mencionados por LAS, dan el colorido y sugieren el ambiente, los verbos activos hacen avanzar la trama con brillantez, al final de esas 17 líneas ya está establecida la atmósfera de hogar pueblerino para desarrollar la historia.

Ahondando un poco más en esta apertura de cuento, se podría decir que el autor emplea la técnica del "anzuelo", algo más moderno que la técnica del "arpón". Veamos un ejemplo de apertura tipo "arpón":

"Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto..." (de La Metamorfosis de Franz Kafka). Como se puede apreciar en este ejemplo, el lector es captado inmediatamente con un hecho impactante, algo que el lector no puede dejar de averiguar más, y es empujado a seguir leyendo. El lector ha sido arponeado.

En cambio con la técnica del anzuelo, sucede lo mismo, pero en forma más sutil. Se le presenta al lector un hecho que llame su atención como el jinete deconocido, al principio, que se acerca montado en un "bellísimo caballo de paso", con las alforjas llenas; esto, aunado a la atmósfera que a su vez se está creando, pica la curiosidad del lector y es inducido a leer unas cuantas líneas más hasta que entra en el meollo del asunto. De este modo él mismo ha mordido el anzuelo sin darse cuenta. La diferencia es que en el caso del primer ejemplo, el lector es consciente que lo han arponeado, los lectores modernos ya no aceptan este tipo de apertura excepto cuando se trate de obras de género, tales como: suspenso, policial, misterio que en los Estados Unidos es conocido como literatura Pulp Fiction.
Rolando Sifuentes, febrero 2007