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CUENTOS BIBLICOS

En esta página ofrecemos dos de las más
interesantes historia narradas en la Biblia:
Ruth, la moabita, y Jonás va a Nínive


HISTORIA DE RUTH
Autor Anónimo
Tomado de la Biblia

La moabita Ruth en Belén, espigandoEn el tiempo en que Israel era gobernado por caudillos, hubo una época de hambre en toda la región. Entonces un hombre de Belén de Judá, llamado Elimélec, se fue a vivir por algún tiempo al país de Moab. Con él fueron también su esposa Noemí, y sus dos hijos, Mahlón y Quilióni. Todos ellos eran efrateos, es decir, de Belén. Llegaron, pues, a Moab, y se quedaron a vivir allí.
Pero sucedió que murió Elimélec, el marido de Noemí, y ella se quedó sola con sus dos hijos. Más tarde, ellos se casaron con dos mujeres moabitas; una de ellas se llamaba Orfá y la otra Rut. Pero al cabo de unos diez años murieron también Mahlón y Quilión, y Noemí se encontró desamparada, sin hijos y sin marido. Un día Noemí oyó decir en Moab que el Señor se había compadecido de su pueblo y que había puesto fin a la época de hambre. Entonces decidió volver a Judá y, acompañada de sus nueras, salió del lugar donde vivían; apero en el camino les dijo:
-Anden, vuelvan a su casa, con su madre. Que el Señor las trate siempre con bondad, como también ustedes nos trataron a mí y a mis hijos, y que les permita casarse otra vez y formar un hogar feliz.
Luego Noemí les dio un beso de despedida, pero ellas se echaron a llorar y le dijeron:
-¡No! ¡Nosotras volveremos contigo a tu país!
Noemí insistió:
-Váyanse, hijas mías, ¿para qué quieren seguir conmigo? Yo ya no voy a tener más hijos que puedan casarse con ustedes. Anden, vuelvan a su casa. Yo soy muy vieja para volverme a casar. Y aunque tuviera aún esa esperanza, y esta misma noche me casara y llegara a tener más hijos, ¿iban ustedes a esperar hasta que fueran mayores, para casarse con ellos? ¿Se quedarían sin casar por esperarlos? No, hijas mías, de ninguna manera. El Señor me ha enviado amargos sufrimientos, pero más amarga sería mi pena si las viera sufrir a ustedes.
Ellas se pusieron a llorar nuevamente. Por fin, Orfá se despidió de su suegra con un beso, pero Rut se quedó con ella. Entonces Noemí le dijo:
-Mira, tu concuñada se vuelve a su país y a sus dioses. Vete tú con ella.
Pero Rut le contestó:
- ¡No me pidas que te deje y que me separe de ti! Iré a donde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras, y allí quiero ser enterrada. ¡Que el Señor me castigue con toda dureza si me separo de ti, a menos que sea por la muerte!
Al ver Noemí que Rut estaba decidida a acompañarla, no le insistió más, y así las dos siguieron su camino hasta que llegaron a Belén.
Cuando entraron en Belén, hubo un gran revuelo en todo el pueblo. Las mujeres decían:
-¿No es esta Noemí?
Pero ella les respondía:
-Ya no me llamen Noemí; llámenme Mará, porque el Dios todopoderoso me ha llenado de amargura. Salí de aquí con las manos llenas, y ahora las traigo vacías porque así lo ha querido el Señor. ¿Por qué me llaman Noemí, si el Señor todopoderoso me ha condenado y afligido?

Así fue como Noemí volvió de Moab con Rut, su nuera moabita. Llegaron a Belén cuando comenzaba la cosecha de la cebada. Noemí tenía un pariente por parte de su esposo Elimélec, que se llamaba Booz y era muy rico e influyente.
Un día Rut le dijo a Noemí:
-Déjame que vaya al campo, a ver si algún segador me permite ir detrás de él recogiendo espigas.
-Ve, hija mía -le respondió su suegra.
Rut, pues, fue al campo y se puso a recoger las espigas que dejaban los segadores. Y tuvo la suerte de que aquel campo fuera de Booz, el pariente de Elimélec. En eso, Booz llegó de Belén y saludó a los segadores:
-¡Que el Señor esté con ustedes!
-¡Que el Señor le bendiga a usted! -le respondieron ellos.
Luego Booz le preguntó al capataz de los segadores:
-¿De qué familia es esa muchacha? E1 capataz le contestó:
-Es una moabita, que vino de Moab con Noemí. Me pidió permiso para ir detrás de los atadores recogiendo espigas, y se ha pasado majando toda la mañana, hasta ahora mismo que ha venido a descansar un poco.
Entonces Booz le dijo a Rut:
-Escucha, hija mía, no vayas a recoger espigas a ningún otro campo. Quédate aquí, con mis criadas, y luego síguelas a donde veas que los segadores están trabajando. Ya he dado órdenes mis criados para que nadie te moleste. Cuando mas sed, ve a donde están las vasijas del agua y toma de la que ellos sacan. Rut se inclinó hasta el suelo en señal de respeto, y le preguntó a Booz:
-¿Por qué se ha fijado usted en mí y es tan amable conmigo, siendo yo una extranjera?
Booz respondió:
-Sé muy bien todo lo que has hecho por tu suegra desde que murió tu marido, y también sé que dejaste a tus padres y a tu patria por venir a vivir con nosotros, que éramos gente desconocida para ti. ¡Que Dios te lo pague! ¡Que el Señor y Dios de Israel, en quien has buscado amparo, te premie por todo lo que has hecho!
Ella le contestó:
-Usted es muy amable conmigo, y sus palabras me llenan de aliento. Me ha hablado usted con cariño, aunque yo ni siquiera soy como una de sus criadas.
A la hora de comer, Booz llamó a Rut y le dijo:
-Ven acá, toma un pedazo de pan y mójalo en esta salsa de vinagre.
Rut se sentó junto a los segadores, y Booz le dio grano tostado. Ella comió hasta quedar satisfecha, y todavía le sobró. Luego, cuando fue otra vez a recoger espigas, Booz ordenó a sus criados:
-Dejen que también recoja espigas entre los manojos de cebada. No se lo impidan. Y aun dejen caer algunas espigas de sus propios manojos, para que ella las recoja. ¡Que nadie la moleste!
Rut recogió espigas en el campo de Booz hasta que llegó la noche. Y lo recogido por ella dio, al desgranarlo, más de veinte kilos de cebada. Regresó entonces a la ciudad cargada con el grano, y fue a mostrárselo a su suegra. Después sacó lo que le había sobrado de la comida y se lo dio a Noemí.
-¿Dónde trabajaste hoy? -le preguntó Noemí-. ¿Dónde recogiste tantas espigas? ¡Bendito sea el que te ha ayudado de esa manera!
Rut le contó a su suegra con quién había estado trabajando.
-El hombre con quien he trabajado se llama Booz -le dijo.
Y Noemí le contestó:
-¡Que el Señor lo bendiga! Él ha sido bondadoso con nosotras ahora, como antes lo fue con los que ya han muerto. Ese hombre es pariente cercano de nosotras, y por eso es uno de los que tienen el deber de protegernos.
Rut añadió:
-También me dijo que siga yo trabajando con sus criadas hasta que se termine la cosecha.
Entonces Noemí respondió a su nuera:
-Hija mía, me parece bien que te quedes con sus criadas y que no vayas a ningún otro campo, para que nadie te moleste.
Rut siguió, pues, recogiendo espigas con las criadas de Booz hasta que se terminó la cosecha de la cebada y el trigo. Mientras tanto, vivía en compañía de su suegra.
Un día Noemí le dijo a Rut:
-Hija mía, yo debo buscarte un esposo que te haga feliz. Mira, nuestro pariente Booz, con cuyas criadas estuviste trabajando, va a ir esta noche al campo a separar el grano de la paja. Haz, pues, lo siguiente: Báñate, perfúmate, y ponte tu mejor vestido, y vete allá. Pero no dejes que Booz te reconozca antes que termine de comer y beber. Fíjate bien en dónde se acuesta a dormir. Entonces ve y destápale los pies, y acuéstate allí. Luego, él mismo te dirá lo que debes hacer.
Rut contestó:
-Haré todo lo que me has dicho.
Rut se fue al campo e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Booz comió, bebió y se mostró muy contento. Luego se acostó a dormir junto al montón de grano. Más tarde Rut llegó sin hacer ruido, le destapó los pies y acostó allí. A medianoche, Booz se despertó de pronto, y al darse una vuelta se sorprendió de que una mujer estuviera acostada a sus pies.
-¿Quién eres tú? -preguntó Booz.
-Soy Rut, su servidora -contestó ella--Usted es mi pariente más cercano y tiene deber de ampararme. Quiero que se case usted conmigo.
-¡Que el Señor te bendiga! -dijo Booz- Ahora más que nunca has mostrado que eres fiel a tu difunto esposo. Bien podrías haber buscado a otro más joven que yo, pobre o rico, pero no lo has hecho. No tengas miedo, hija mía que todos en mi pueblo saben ya que eres mujer ejemplar. Por eso, yo haré lo que me pidas. Sin embargo, aunque es verdad que soy pariente cercano tuyo, tú tienes otro pariente aún más cercano que yo. Quédate aquí esta noche. Si mañana él quiere cumplir con deberes de pariente, que lo haga; pero si no lo hace, te prometo delante del Señor que yo lo haré. Ahora duérmete hasta que amanezca.
Rut durmió aquella noche a los pies de Booz. Al día siguiente se levantó antes del amanecer, cuando todavía estaba muy oscuro, porque Booz había dicho: Nadie debe saber que esta mujer ha venido al campo. Entonces Booz le dijo:
--Quítate la capa y sujétala bien, Booz echó Mientras Rut sostenía su capa, Booz echó en ella más de cuarenta kilos de cebada. Luego la ayudó a echarse la carga sobre el hombro, y ella se fue a la ciudad. Cuando Rut llegó a donde estaba su suegra esta le preguntó:
-¿Qué tal te fue, hija mía?
Rut le contó todo lo que Booz había hecho y añadió:
Me dio toda esta cebada, y me dijo: No a9ker a tu suegra con las manos vacías. Noemí dijo:
Ahora hija mía, espera a ver qué pasa con ese hombre, él no descansará hoy hasta dejar resuelto el asunto.
Más tarde, Booz fue a sentarse a la entrada del pueblo, que era el lugar donde se reunía la gente. En aquel momento pasaba por ahí el pariente del cual Booz había hablado.
-Oye -le dijo Booz-, ven acá y siéntate.
El pariente fue y se sentó. En seguida Booz llamó a diez ancianos del pueblo, y también les pidió que se sentaran con él. Cuando ellos se sentaron Booz le dijo a su pariente:
-Noemí, que ha vuelto de Moab, está decidida a vender el terreno que perteneció a nuestro pariente Elimélec. Quiero que lo sepas, para que si te interesa comprarlo, lo hagas ahora delante de estos testigos y de los ancianos del pueblo. Como tú eres el pariente más cercano de Elimélec, tienes el derecho de comprar su tierra. Pero si tú no la compras, házmelo saber, pues después de ti yo soy quien tiene ese derecho.
El pariente contestó:
-La compro.
Entonces Booz le hizo esta aclaración:
-Ten en cuenta que si compras el terreno de Noemí, quedas también obligado a casarte con Rut, la viuda moabita, para que la propiedad siga a nombre del difunto.
Al oír esto, el pariente contestó:
-En ese caso no puedo hacer la compra, porque podría perjudicar mi herencia. Pero si tú quieres comprar, hazlo; yo te cedo mis derechos de compra.
En aquellos tiempos había en Israel una costumbre: cuando uno cedía a otro, el derecho de parentesco, o cuando se cerraba un contrato de compra-venta, el que cedía o vendía se quitaba una sandalia y se la daba al otro. De acuerdo, pues, con esta costumbre, e1 pariente de Booz se quitó la sandalia, se la dio a Booz y le dijo:
-Compra tú.
Entonces Booz dijo a los ancianos y a los allí presentes:
-Todos ustedes son hoy testigos de que le compro a Noemí las propiedades de Elimélec, Quilión y Mahlón. También son testigos de que tomo por esposa a Rut, la viuda moabita, para que la propiedad se mantenga a nombre de Mahlón, su difunto esposo. Así no se borrará el nombre de Mahlón de entre los suyos, ni será olvidado en este pueblo. Hoy son ustedes testigos.
Los ancianos y todos los presentes contestaron:
-Sí, lo somos. ¡El Señor haga que la mujer que va a entrar en tu casa sea como Raquel y Lía, de quienes descendemos todos los israelitas! Y tú, sé un hombre ilustre en Efrata un hombre notable en Belén. Que el Señor te dé muchos hijos de esta mujer. Que tengas una familia numerosa, como la tuvo Fares, el hijo de Tamar y Judá.
Así fue como Booz se casó con Rut. Y se unió a ella, y el Señor permitió que quedara embarazada y que tuviera un hijo. Entonces las mujeres decían a Noemí:
-¡Alabado sea el Señor, que te ha dado hoy un nieto para que cuide de ti! ¡Ojalá tu nieto sea famoso en Israel! É1 te dará ánimos y te sostendrá en tu vejez, porque es el hijo de tu nuera, la que tanto te quiere y que vale para ti más que siete hijos.
Noemí tomó al niño en su regazo y se encargó de criarlo. Al verlo, las vecinas decían:
-¡Le ha nacido un hijo a Noemí!
Y le pusieron por nombre Obed. Este fue el padre de Jesé y abuelo de David


JONAS VA A NINIVE
Autor Anónimo
Tomado de la Biblia

Yavé (Dios) envía a Jonás a predicar contra los pecadores de Nínive...
pero Jonás que tiene creencias muy propias (en contra de los gentiles), se rebela y desobedece a Yavé

Ballena deja a Jonás en playaLa palabra de Yavé fue dirigida a Jonás, hijo de Amittay, en estos términos: «Levántate, vete a Nínive, la ciudad grande, y predica contra ellos, porque su maldad ha subido hasta mí.» Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos de la presencia de Yavé, y descendió a Joppe, donde encontró un barco que salía para Tarsis. Pagó su pasaje y se embarcó para irse con ellos a Tarsis, lejos del rostro de Yavé.
Pero Yavé envió un fuerte viento sobre el mar, causando una tempestad tan grande que el barco amenazaba con hundirse. Los marineros tuvieron miedo y cada uno invocaba a su dios. Después echaron la carga del barco al mar para sacarle peso. Jonás mientras tanto, había bajado al fondo del barco y dormía profundamente. El capitán se acercó a él y le dijo: «¿Cómo estas durmiendo? Levántate, invoca a tu Dios, quizás se acuerde de nosotros y no pereceremos.»
Después se dijeron unos a otros: «Veamos, echemos suerte para saber quién es el culpable de ese mal.» Echaron a suerte y la suerte cayó en Jonás. Entonces le dijeron: «Ya que eres el causante de nuestra desgracia, enséñanos cual es tu oficio y de dónde vienes. ¿Cuál es tu país y de qué pueblo eres?» Les respondió: «Soy hebreo y temo a Yavé, Dios del Cielo, que hizo el mar y la tierra.» Aquellos hombres tuvieron gran miedo y le dijeron: «¿Qué es lo que has hecho?» Pues acababa de decirles que huía de la presencia de Yavé.
Le dijeron: «¿Qué haremos contigo para que se calme el mar?», pues el mar se embravecía. El les contestó: «Llévenme y arrójenme al mar, y éste se calmará, porque sé que por culpa mía les ha sobrevenido esta tempestad.»
Los marineros se esforzaron remando por alcanzar tierra, pero no pudieron porque el mar cada vez se ponía más agitado. Entonces invocaron a Yavé y le dijeron: «Oh, Yavé, no nos hagas perecer a todos por causa de este hombre, ni nos consideres culpables de su muerte, ya que tú, Yavé, has obrado todo según deseabas.»
Luego, llevando a Jonás lo tiraron al mar, y el mar calmó su furia. Aquellos hombres temieron a Yavé y con gran respeto le ofrecieron un sacrificio y le hicieron votos.
Yavé ordenó a un gran pez que tragara a Jonás, y Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez.

Jonás en el Vientre del Pez

Entonces Jonás oró a Yavé, su Dios, desde
el vientre del pez y le dijo:

«En mi angustia llamé a Yavé
y me respondió,
grité desde el lugar de los muertos
y tú oíste mi voz.
Me habías arrojado en el abismo,
en el corazón de los mares,
y la corriente me cercaba.
Todas tus olas y tus remolinos pasaron sobre mí.
Entonces me dije: He sido arrojado
        de tu presencia,
nunca más veré tu santo templo.
Me envolvieron las aguas hasta el cuello,
el abismo me rodea,
las algas se enredan en mi cabeza.
A las raíces de los montes descendí.
los cerrojos de la tierra estaban cerrados
        tras de mí para siempre.
Pero me hiciste subir vivo de la fosa,
¡Oh, Yavé, mi Dios!
Cuando en mí se me desfallecía el alma,
me acordé de Yavé,
y mi oración llegó a ti, a tu santo templo.
Los que adoran los ídolos vanos
abandonan la fuente de gracia;
pero yo en acción de gracias
te ofreceré un sacrificio y cumpliré mis votos:
De Yavé viene la salvación.»

Entonces Yavé dio orden al pez y éste vomitó
a Jonás sobre la tierra.


Por segunda vez, la palabra de Yavé llegó a Jonás. Y le dijo: «Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad, y anuncia lo que yo te diga.» Se levantó Jonás y fue a Nínive, como se lo había ordenado Yavé.
Nínive era una ciudad muy grande. Se necesitaban tres días para atravesarla. Jonás entró en la ciudad e hizo un día de camino pregonando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida».
Los ninivitas creyeron en la advertencia de Dios y ordenaron un ayuno, y se vistieron de saco, desde el mayor al menor.
La noticia llegó hasta el rey de Nínive, el que se levantó de su trono, se quitó el manto, se vistió de saco y se sentó sobre cenizas. Luego hizo publicar esta orden en Nínive: «Hombres y bestias no comerán ni beberán nada. Que se vistan de saco y clamen a Dios insistentemente. Que cada uno se corrija de su mala conducta y de sus malas obras. ¿Quién sabe si Dios se arrepentirá y cambiará su orden de destrucción, de manera que no nos haga morir?»
Al ver Dios lo que hacían y como se habían arrepentido de su mala conducta, se arrepintió él también de sus amenazas y no los castigó como los había amenazado.

Jonás se disgustó mucho de que Yavé no hubiera castigado a los ninivitas y, en su enojo, dijo a Yavé: «Ah, Señor, yo tenía razón cuando estaba en mi casa. Es precisamente por esto que traté de huir a Tarsis. Yo sabía bien que Tú eres un Dios clemente y misericordioso, paciente y lleno de bondad, siempre dispuesto a perdonar.
Oh, Yavé, te ruego que tomes mi vida. Prefiero morir a vivir de esta manera.«
Yavé le contestó: «Jonás, ¿crees tú que tienes razón para enojarte así?»
Pero Jonás salió de Nínive y se hizo una cabaña al este de la ciudad, para ver lo que sucedía.
Entonces Yavé hizo brotar una planta de ricino que creció por encima de Jonás para dar sombra a su cabeza y así calmarlo de su enojo. Jonás se alegró mucho por la planta.
Pero al día siguiente, al amanecer, Yavé mandó un gusano que malogró la planta y la secó. Al salir el sol, Yavé hizo soplar viento caliente desde el este.
El sol acaloró tanto a Jonás que éste se desmayó: se deseó la muerte y dijo: «Mejor es morir que vivir.»
Entonces Yavé le preguntó: «¿Te parece bien enojarte por este ricino?» Jonás respondió: «Sí, tengo razón para estar enojado, hasta el punto de querer morir.»
Yavé le replicó: «Te afliges por un ricino que no te ha costado trabajo alguno, y que no has hecho crecer, que en una noche ha crecido y en una noche ha muerto.
¿Cómo pues yo no voy a tener lástima de Nínive, la gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben distinguir el bien y el mal y gran cantidad de animales?» FIN



Análisis de cuento Jonás Va a Nínive
Cantidad de palabras: 1090
Formato: Cronológico lineal contado en tercera persona, tiempo pasado.

La historia de Jonás, tomada de la Biblia, fue escrita por algún o varios profetas judíos de la antigüedad como cuento; Jesucristo mencionó en dos oportunidades esta historia durante sus alocuciones a la muchedumbre para enseñar la virtud moral. Esta historia es interesante porque Jonás fue el único profeta que se rebela a Dios y también es interesante por la técnica en su construcción. Dios (Yavé), y su hijo, Jesús, conocedores de la conciencia de cada hombre sobre la tierra, emplearon estas historias en forma de fábula o parábolas para hacer comprender a la gente lo que era el bien y el mal y aún hoy, en el tercer milenio, Anno Domini, estas historias siguen vigentes porque son verdades que guían a la humanidad.
Para comprender mejor esta historia, la dividiremos en dos niveles: el primero es lo referente a Yavé (uno de los nombres con que se conoce a Dios. Otro nombre es Jehová y Alá pero es el mismo Dios). Yavé trata de salvar a sus hijos del pecado y para ello emplea a muchos predestinados y profetas. Jonás es un profeta. Yavé encomienda a Jonás ir a Nínive y anunciar que la ciudad será destruida en cuarenta días como castigo por la corrupción que allí impera.

En el segundo nivel está la misma historia de Jonás en lo personal. El es un predicador muy puro, pero algo rígido en sus ideas. Se le han metido en la cabeza ideas equivocadas como que los hebreos son los únicos seres que merecen el perdón, y actúa de acuerdo a ellas. Yavé debe hacerle comprender cuan equivocado está pues el perdón es para todos, y trata de hacer que Jonás vuelva al camino correcto.

Yavé que es omnisciente omnipresente, y omnipotente, traza una acción con la que hará que Jonás predique en Nínive y comprenda cual es su falsa creencia (y será una lección que servirá a la humanidad por los siglos de los siglos).

ACCION:
Yavé envía a Jonás a Nínive a predicar, pero Jonás sabedor de lo magnánimo que es Yavé al perdonar a todos, le desobedece y trata de irse a otra ciudad en un barco para no cumplir con la orden. Yavé escarmienta a Jonás produciendo una tempestad en el mar. Los marineros, según su creencia y ante la propia confesión de Jonás, tienen que echar al agua para aplacar la ira de Dios y salvarse. Jonás es tragado por una ballena y desde el estómago de ella implora por perdón. Yavé lo perdona y lo hace regresar a tierra. Jonás va a Nínive y anuncia la destrucción de la ciudad. Los ninivenses se arrepienten de sus pecados e imploran perdón. Yavé los perdona.

Jonás entonces, reacciona negativamente ante lo que él cree otra debilidad de Yavé y ya no puede más, piensa: los gentiles, (los no hebreos) pecadores no merecen la gracia de Dios. Nuevamente huye y se construye una ramada en las afueras de la ciudad para quedarse allí dispuesto a morir antes de seguir con esa vida. Está sentado bajo el inclemente sol y no se moverá de allí hasta que la muerte le llegue. Yavé decide darle otra lección: crea un árbol de ricino que le da sombra y Jonás se siente contento, pero por la noche Yavé hace morir al ricino. Esto encoleriza a Jonás y es allí cuando Yavé le habla nuevamente a Jonás y le hace una comparación en la que se comprende que el perdón es para todos, y no solo para los judíos.

Queda claro, entonces, que en el primer nivel la trama urdida por Yavé tiene éxito pues usando su poder, demuestra que está por sobre todas las cosas, que todo lo sabe (omnisciente y omnipresente), y todo lo puede. La historia de Nínive termina con el perdón de Dios, pero aún continúa lo referente a Jonás pues es un rebelde. Jonás tiene muy formada en su mente la falsa creencia de que Yavé debe ser inflexible con los gentiles y piensa que sólo los judíos rectos deben salvarse. Se supone que con la comparación del árbol de ricino con la ciudad de Nínive Jonás comprende el porqué de la bondad de Yavé para con los que se arrepienten. Jonás en cambio no perdona a Dios por haberle quitado el ricino que le daba sombra. Queda claro que errar es humano, perdonar es divino y Jonás debe quitar de su cabeza el error que lo hace actuar en forma incorrecta.

Este cuento tiene un fin sin final. Eso se debe a que este no es un cuento mundano, sino que es puramente religioso, no pretende emocionar al lector como lo haría un cuento comercial. La parte final del cuento es explicada por los predicadores o guías que enseñan a interpretar la Biblia, pero su estructura es igual a la de un cuento literario.

En estas mismas páginas hay ejemplos de cuentos de propósito, como el caso de Cuentos Arabes que termina con final feliz, y también tenemos un ejemplo parecido al esquema de Jonás: el personaje adquiere una falsa creencia, pero luego se da cuenta de su error, abandona la falsa creencia y vuelve por el camino correcto, y está en el cuento Banda de Pueblo del escritor ecuatoriano José de la Cuadra. En este cuento Cornelio Piedrahita cree falsamente que el bombo es el causante (o el símbolo) de su desgracia, y lo odia, pero cuando su padre, (quien toca el bombo), empieza a agonizar, el muchacho comienza a darse cuenta de su error y paulatinamente va abandonando la falsa creencia de modo que cuando el padre muere, él supera completamente su error y ama al bombo. Aquí el lector no puede dejar de sentir admiración por la filosofía con la que esos hombres humildes encaran la vida, y al mismo tiempo sentir piedad o compasión por el sufrimiento de Cornelio y sus compañeros, ellos representan no sólo a Ecuador, sino a gran parte de Hispanoamérica.

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