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JOSE DE LA CUADRA

Escritor ecuatoriano de valor universal - de la Cuadra es autor de cuentos y novelas
Su mejor cuento: Banda de Pueblo y los personajes del montuvio ecuatoriano

BANDA DE PUEBLO


Cuento

José de la Cuadra

Cornelio a sus catorce años aun no sabía lo
que era el valor de un padre, hasta que llegó el día.

José de la Cuadra
Baile ecuatoriano - pintura de J.R. EtxeberríaEran nueve, en total: ocho hombres y un muchacho de catorce años. El muchacho se llamaba Cornelio Piedrahita y era hijo de Ramón Piedrahita, que golpeaba el bombo y sonaba los platos; Manuel Mendoza, soplaba el cornetín; José Mancay, el requinto; Segundo Alancay, el barítono; Esteban Pacheco, el bajo; Redentor Miranda, el trombón; Severo Mariscal, sacudía los palos sobre el cuero templado del redoblante; y, Nazario Moncada Vera chiflaba el zarzo.
Cornelio Piedrahita no soplaba aparato alguno de viento, ni hacía estrépito musical ninguno; pero, en cambio, era quien llevaba la botella de mallorca, que los hombres se pasaban de boca en boca, como una pipa de paz, con recia asuididad, en todas las oportunidades posibles. Además, aunque contra su voluntad, el muchacho había de ayudar a conducir el armatoste instrumental del padre, cuando a éste, cada día con más frecuencia, lo vencían los accesos de su tos hética. Era, así, imprescindible, y formaba parte principalísima de la banda.
Por cierto que los músicos utilizaban al muchacho para los más variados menesteres; y, como él era de natural amable y servicial, cuando no lo atacaba el mal humor... prestábase de buena gana a los mandados.
La única cosa que le disgustaba en realidad, era alzarse a cuestas el bombo. Del resto, dábale lo mismo ir a entregar, hurtándose a los perros bravos y a los ojos avizores, una carta amorosa de Pacheco, que era el tenorio lírico de la banda, y a cualquier chola guapetona; o adelantarse, casi corriendo, cuadras y cuadras, al grupo, para anunciar como heraldo la llegada, o, en fin, aventurarse por las manngas yerbosas en busca de un ternero, un chivo, un chancho o cualquier otro "animal de carne", al que hundía un largo cuchillo que punzaba el corazón, si no era que le seccionaba la yugular para satisfacer los nueve estómagos hambrientos, en las ocasiones, no muy raras, en que los "frejoles se veían lejos".
Cuando andaban por las zonas áridas de cerca al mar, Cornelio Piedrahita, tenía que hacer mayor uso de sus habilidades de forzado abigeo.
-Estos cholos de Chanduy son unoh fregaoh -decía Nazario Moncada Vera, contando y recontando las monedillas de níquel-. Tre'sucreh, hermo'sacao.

Para leer cuento completo ir a:: Banda de Pueblo, en este mismo sitio



Análisis de cuento Banda de Pueblo
Cantidad de palabras: 6100
Formato: Tiempo pasado, tercera persona.

Banda de Pueblo podría considerarse una obra regionalista o costumbrista, pero en realidad es más que eso. Aquí podríamos mencionar a William Faulkner, quién, después de su primera novela un día tuvo su epifanía que le anunció que solo escribiendo sobre su tierra, Alabama, bien podría ocuparle toda su vida y así lo hizo. Sin embargo Faulkner no es un simple regionalista sino un novelista de importancia universal o "universal appeal".
De la Cuadra, al igual que Faulkner, escribe sobre zonas específicas de su país - sobre personajes con características serranas y costeñas, con su peculiar modo de hablar según de donde provenga, y a pesar de eso, a pesar de los modismos y costumbres típicas de los montubios ecuatorianos, Banda de Pueblo interesa a todos porque emociona a las gentes, no sólo de Ecuador sino también de otras partes del orbe por su estructura dramática. Sobre este tema, Seymour Menton menciona a la literatura ecuatoriana como una de las características del criollismo por, El carácter proletario de la prosa ecuatoriana con su realismo desenfrenado, su lenguaje crudo y el uso desmesurado del dialecto — todo eso sin dejar de ser artística.

Otra cracterística interesante en este cuentos es lo referente a su extensión en tiempo y espacio. Los miembros de la banda recorren largas zonas de Ecuador, mayormente de la costa, en un también amplio espacio de tiempo (varios años), que acarrea problema al autor para darle unidad dramática a la obra. La unidad es importante para conseguir el impacto final. En Diles que No Me Maten, Rulfo soluciona este mismo problema utilizando la técnica del "flashback" (o racconto) para retrotraer los 30 años anteriores a la historia que cuenta, y Julio Ramón Ribeyro en el cuento El Marqués y los Gavilanes, cuya historia dura varias décadas y en variados escenarios, lo hace contando el cuento en forma narrativa al 100 por ciento con mucho éxito. Ninguna de estas dos últimas técnicas hubiera sido adecuada para el cuento de De la Cuadra.

Pero nuestro autor escoge otro camino para llegar a lo mismo. Aquí De la Cuadra emplea la técnica de la causa y efecto: esto es que hay dos instancias en el texto: en la primera se introducen los antecedentes o "background" de los personajes. En la segunda parte va el efecto o resultado de lo que pasó al comienzo. Este modo resulta muy adecuado para este tipo de historia debido a que el mayor valor del cuento lo constituyen las peripecias de cada integrante de la banda, y las anécdotas que se suceden. Hay que agregar también el colorido, la simpatía de los personajes y la enorme humanidad de gentes corrientes que luchan por la supervivencia sin perder el humor.

Entonces, a la primera parte la llamaremos "la introducción". Esta introducción dura hasta un poco más de la mitad, exactamente en la parte que comienza una transición antes de entrar de lleno en la segunda parte:

"...Precisamente, alojados en una de estas mansiones rurales -en la de los Pita Santos, de boca de Pule- se encontraban la tarde en que murió Ramón Piedrahita. Este acontecimiento doloroso cerró una etapa de la historia sencilla de la banda, y abrió otra nueva...".
Y el verdadero cuerpo de la historia empieza en:
"Era el atardecer/Los últimos rayos del sol -'que había jalao de firme, amigo'"- jugueteaban cabrilleos en las ondas blancosucias del riachuelo.'
En el grupo de músicos destaca Cornelio Piedrahita, el hijo del tísico que hace sonar el bombo. Cornelio es un muchacho de 17 años algo rebelde como todo adolescente que espera más de la vida. Todos los demás son como cortados por la misma tijera: viven el presente y no aspiran a más.

El cuento no tiene una trama que le sirva de espinazo, pero tiene una estructura dramática muy sólida en sus dos fases ya mencionadas arriba, basados en la caracterización de los personajes. En la primera hemos visto que Cornelio odia el bombo y reniega todo el tiempo al tener que cargarlo, pero en la segunda parte, en los últimos días, cuando su padre ya no puede caminar; Cornelio se da cuenta del valor del bombo y empieza a quererlo. Cuando el padre muere, Cornelio termina por querer al bombo definitívamente y empieza a tocarlo sin que nadie se lo pida, es el clímax y resolución de la historia.

Cornelio acepta su status y se cohesiona artísticamente con los demás compañeros para mantener al grupo tan compacto como antes. Final satisfactorio para la audiencia porque es plausible y cumple con la intención del autor, esto es: causar admiración y a la vez piedad en el lector por aquellos personajes que luchan por la vida y son felices a su manera.
Ver similitud de este cuento con Cuentos Bíblicos en estas mismas páginas, donde hay un personaje con ideas erradas y que luego se da cuenta de su error y vuelve a su estado normal. Click aquí.


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