Orión - ezine de divulgación literaria

ERNEST HEMINGWAY

Escritor Ernest Hemingway Ernest Hemingway, (1898-1961), escritor norteamericano, autor de cuentos y novelas. En 1953 recibió el premio Pulitzer y en 1954 el Premio Nóbel de Literatura. Hemingway empezó muy joven como periodista, luego fue enviado a Europa para cubrir la Primera Guerra Mundial (WWWI). Vivió en París donde escribió sus primeras obras, entre ellas el cuento Los Asesinos a comienzos de la década de 1920.



LOS ASESINOS
Cuento

La puerta del salón comedor Henry se abrió y entraron dos hombres, que se sentaron ante el mostrador.
-¿Qué les sirvo? - preguntó George.
-No sé -contestó uno de ellos-. ¿Qué quieres comer Al?
-No sé -dijo Al-. No sé qué quiero comer...
Fuera aumentaba la oscuridad. Las luces de la calle se veían por la ventana. Los hombres sentados, ante el mostrador, leían el menú. Desde el otro lado del mostrador, Nick Adams los miraba. Estaba hablando con George cuando entraron.
-Una costilla de cerdo con puré de papas y de manzanas -dijo el primer hombre.
-Eso no está listo todavía.
-¿Y para qué demonios lo pone en la lista?
-Ese es el menú de la comida que empieza a servirse a las seis - explicó George.
-En ese reloj son las cinco y veinte -dijo el segundo hombre.
-Está adelantado veinte minutos.
-¡Al diablo con el reloj! -dijo el primero-. ¿Qué tiene para comer?
-Sandwiches de cualquier clase, jamón o tocino con huevos, bifes...
-Yo quiero croquetas de pollo con arvejas, salsa blanca y puré de papas.
-Eso también pertenece a la comida.
-Todo lo que queremos pertenece a la comida, ¿eh? ¡Buena manera de trabajar tiene usted!
-Puedo darles jamón o tocino con huevos, hígado...
-Deme jamón con huevos -dijo el hombre llamado Al. Llevaba galera redonda y sobretodo negro cruzado, un pañuelo de seda al cuello y guantes. Su rostro era pequeño y blanco y tenía los labios apretados.
-A mi, tocino con huevos -ordenó el otro. Era aproximadamente de la misma estatura que Al. Sus caras eran distintas, pero vestían como mellizos. Ambos llevaban sobretodo demasiado ajustados para su cuerpo. Estaban inclinados hacia adelante, de codos sobre el mostrador.
-¿Tiene algo para beber? -preguntó Al.
-Silver Beer, Bevo, ginger ale...1
-¡He dicho algo para beber!
-Sólo hay eso que dije.
-Este es un pueblo divertido, ¿no es cierto? -dijo el otro-. ¿Cómo se llama?
-Summit.
-¿Lo oiste nombrar alguna vez? -preguntó Al a su amigo.
-No -dijo éste.
-¿Y qué hacen por la noche?
-Comen -replicó su amigo-. Viene aquí a darse la gran comilona.
-Eso es -terció George.
-¿De modo que usted lo cree? -preguntó Al a George.
-Usted es un tipo vivo, ¿no es cierto?
-Sí, dijo George.
-Es claro.
-Bueno. Pues no lo es -dijo el hombrecito- ¿Qué te parece, Al?
-Es un estúpido -dijo Al. Se volvió hacia Nick -: ¿Cómo se llama usted?
-Adams.
-Otro tipo vivo -dijo Al-. No es cierto que es un tipo vivo, Max?
-Este pueblo está lleno de vivos.
George colocó los dos platos sobre el mostrador, uno con jamón y huevos y el otro con tocino y huevos. Al lado de estos puso dos pequeñas fuentes de papas fritas. Cerró la ventanilla que daba a la cocina.

1 Las dos primeras son marcas de cerveza de baja graduación alcohólica y la última es la conocida bebida sodificada de jenjibre.

Para leer cuento completo, ir a:
Cuento Los Asesinos
en este mismo sitio



EL VIEJO Y EL MAR
Novela (fragmento)

Era un viejo que pescaba solo en un bote en el Gulf Stream y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez. En los primeros cuarenta días había tenido consigo a un muchacho. Pero después de cuarenta días sin haber pescado, los padres del muchacho le habían dicho que el viejo estaba definitiva y rematadamente salao 1, lo cual era la peor forma de la mala suerte, y por orden de sus padres el muchacho había salido en otro bote que cogió tres buenos peces la primera semana. Entristecía al muchacho ver al viejo regresar todos los días con su bote vacío, y siempre bajaba a ayudarle a cargar los rollos de sedal o el bichero y el arpón y la vela arrollada al mástil. La vela estaba remendada con sacos de harina, y arrollada, parecía una bandera en permanente derrota.
El viejo era flaco y desgarbado, con arrugas profundas en la parte posterior del cuello. Las pardas manchas del benigno cáncer de la piel que el sol produce con sus reflejos en el mar tropical estaban en sus mejillas. Estas pecas corrían por los lados de su cara hasta bastante abajo y sus manos tenían las hondas cicatrices que causa la manipulación de las cuerdas cuando sujetan los grandes peces. Pero ninguna de esas cicatrices era reciente. Eran tan viejas como las erosiones de un árido desierto.
Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y estos tenían el mismo color del mar y eran alegres e invictos.
-Santiago -le dijo el muchacho trepando por la orilla desde donde quedaba varado el bote-. Yo podría volver con usted. Hemos hecho algún dinero.
El viejo había enseñado al muchacho a pescar y el muchacho le tenía cariño.
-No -dijo el viejo-. Tú sales en un bote que tiene buena suerte. Sigue con ellos.
-Pero recuerde que una vez llevaba ochenta y siete días sin pescar nada y luego cogimos peces grandes todos los días durante tres semanas.
-Lo recuerdo -dijo el viejo-. Y yo sé que me dejaste porque hubieses perdido la esperanza.
-Fue papá quien me obligó. Soy un chiquillo y tengo que obedecerle.
-Lo sé -dijo el viejo-. Es completamente normal.
-Papá no tiene mucha fe.
-No. Pero nosotros sí, ¿Verdad?
-Sí, dijo el muchacho-. ¿Me permite invitarle una cerveza en la terraza? Luego llevaremos las cosas a casa.
-¿Por qué no? -dijo el viejo-. Entre pescadores.
Se sentaron en la terraza. Muchos de los pescadores se reían del viejo, pero él no se molestaba. Otros, entre los más viejos, lo miraban y se ponían tristes. Pero no lo manifestaban y se referían cortésmente a la corriente y a las bondades donde habían limpiado sus agujas y las llevaban tendidas sobre dos tablas, dos hombres tambaleándose al extremo de cada tabla, a la pescadería, donde esperaban a que el camión del hielo las llevara al mercado, a La Habana. Los que habían pescado tiburones los habían llevado a la factoría de tiburones, al otro lado de la ensenada, donde eran izados en aparejos de polea; les sacaban los hígados, les cortaban las aletas y los desollaban y cortaban su carne en trozos para salarla.
Cuando el viento soplaba del Este el hedor se extendía a través del puerto, procedente de la fábrica de tiburones; pero hoy no se notaba más que un débil tufo porque el viento había vuelto al Norte y luego había dejado de soplar. Era agradable estar allí, al sol, en la Terraza.
-Santiago, -dijo el muchacho.
-Qué -dijo el viejo. Con el vaso en laa mano pensaba en las cosas de hacía muchos años.
-¿Puedo ir a buscarle sardinas para mañana?
-No. Ve a jugar el béisbol. Todavía puedo remar y Rogelio tirará la atarraya.
-Me gustaría ir. Si no puedo pescar con usted me gustaría servirlo de alguna manera.
-Me has pagado una cerveza -dijo el viejo-. Ya eres un hombre.
-¿Qué edad tenía cuando me llevó por primmera vez en un bote?
-Cinco años. Y por poco pierdes la vida cuando subí aquel pez demasiado vivo que estuvo a punto de destrozar el bote. ¿Te acuerdas?
-Recuerdo como brincaba y pegaba coletazos, y que el banco se rompía, y el ruido de los garrotazos. Recuerdo que usted me arrojó a la proa, donde estaban los sedales mojados y enrollados. Y recuerdo que todo el bote se estremecía, y el estrépito que usted armaba dándole garrotazos, como si talara un árbol, y el pegajoso olor a sangre que me envolvía.
-¿Lo recuerdas realmente o es que yo te lo he contado?
-Lo recuerdo todo, desde la primera vez que salimos juntos.
El viejo lo miró con sus amorosos y confiados ojos quemados por el sol.
-Si fueras hijo mío, me arriesgaría a llevarte -dijo-. Pero tu eres de tu padre y de tu madre y trabajas en un bote que tiene suerte.
-¿Puedo ir a buscarle las sardinas? También sé donde conseguir cuatro carnadas.
-Tengo las mías, que me han sobrado de hoy. Las puse en sal en la caja.
-Déjeme traerle cuatro cebos frescos.
-Uno -dijo el viejo. Su fe y su esperanzza no le habían fallado nunca. Pero ahora empezaban a revigorizarse como cuando se levanta la brisa.
-Dos -dijo el muchacho.
-Dos -aceptó el viejo-. ¿No los has robado?
-Lo hubiera hecho -dijo el muchacho-. Pero estos los compré.
-Gracias -dijo el viejo. Era demasiado simple para preguntarse cuando había alcanzado la humildad. Pero sabía que la había alcanzado y sabía que no era vergonzoso y que no comportaba pérdida del orgullo verdadero.
-Con esta brisa ligera, mañana va a hacer buen día -dijo.
-¿A dónde piensa ir? -le preguntó el muchacho.
-Saldré lejos para regresar cuando cambie el viento. Quiero estar fuera antes que sea de día.
-Voy a hacer que mi patrón salga lejos a trabajar -dijo el muchacho-. Si usted engancha algo realmente grande podremos ayudarle.
-A tu patrón no le gusta ir demasiado lejos.
-No -dijo el muchacho-. Pero yo veré algo algo que él no podrá ver: un ave trabajando, por ejemplo. Así haré que salga siguiendo a los dorados.
-¿Tan mala tiene la vista?
-Está casi ciego.
-Es extraño -dijo el viejo-. Jamás ha ido a la pesca de tortugas. Eso es lo que mata los ojos.
-Pero usted ha ido a la pesca de tortugas durante varios años, por la costa de los mosquitos, y tiene buena vista.
-Yo soy un viejo extraño.
-Pero ¿Ahora se siente bastante fuerte como para un pez realmente grande?
-Creo que sí. Y hay muchos trucos.
-Vamos a llevar las cosas a casa -dijo el muchacho-. Luego cogeré la atarraya y me iré a buscar las sardinas.
Recogieron el aparejo del bote. El viejo se echó el mástil al hombro y el muchacho cargó la caja de madera de los enrollados sedales pardos de apretada malla, el bichero y el arpón con su mango. La caja de las carnadas estaba bajo la popa, junto a la porra que usaba para rematar a los peces grandes cuando los arrimaba al bote. Nadie sería capaz de robarle nada al viejo, pero era mejor llevar a casa la vela y los sedales gruesos puesto que el rocío los dañaba, y aunque estaba seguro de que ninguno de la localidad le robaría nada, el viejo pensaba que el arpón y el bichero eran tentaciones y que no había por que dejarlos en el bote.

1 Todas las palabras compuestas en cursiva figuran en castellano en el original inglés (Nota del E.)





Análisis de Cuento: LOS ASESINOS
Cantidad de palabras: 2,550
Formato: Cronológico lineal, tiempo pasado contado en tercera persona.

Este cuento fue publicado por primera vez en 1927. Conseguir la aceptación de este cuento por parte de un editor, le costó al joven Hemingway mucho trabajo, fue su primera obra que se publicó en un medio de importancia. Anteriormente Hemingway había publicado en París dos libritos de corto tiraje. Por este cuento el autor cobró 200 dólares. El cuento fue incomprendido al comienzo debido a que tiene un enfoque objetivo, el hilo de la trama se va desarrollando ante el lector como si fuera una película - el autor no penetra en los pensamientos de los personajes ni tampoco hace descripciones de personajes o acciones que están fuera del ámbito del enfoque.

Aunque hay que decir también que este cuento no es del todo objetivo como por ejemplo, "La Playa" de Alain Robbe-Grillet. "En Los Asesinos" el autor se permite algunas licencias a lo largo de todo el cuento para hacer más accesible la historia al público.

Desde el primer párrafo el autor conoce el nombre del restaurante y también nos da a conocer el nombre del dueño: George y el nombre del único parroquiano, el joven Nick Adams, de quien no se tiene muchos datos. En cuanto a los dos recién llegados, se conoce el nombre de uno de ellos porque el otro lo llama AL. Y el nombre del segundo hombre no se conoce hasta pasadas varias páginas del cuento cuando Al lo llama Max.

Aparte de todos esos datos, el lector debe suponer el drama que se vive al "observar" los acontecimientos de acuerdo a como se están desarrollando, ya sea por acción física como también por los diálogos. Los dos asesinos son presentados usando la técnica del vodevil. Hay un contrapunteo entre George y los dos asesinos, éstos ultimos llegan como parroquianos pero luego se va descubriendo que no tienen mucha hambre, sus conversaciones son más bién irónicas, intrigantes. En cierto momento de la historia, el enfoque cambia repentinamente y va hacia la cocina donde están Nick, el cocinero y Al.

La presentación de los dos personajes que resultan ser los asesinos, es extraordinaria. El autor en ningún momento menciona que ellos son los asesinos a que hace referencia el título, pero por la forma de expresarse y actuar, fácilmente el lector colige que ellos son gangsters y teme por los demás. Recién por la mitad del cuento uno de los asesinos dice que han ido a matar a Ole, el sueco.

Pero Ole no llega y los asesinos se van. Luego de que los gangsters se han ido, la historia da un giro hacia Nick Adams y éste se torna en el personaje principal, ya no hay más escenas del tipo vodevil. Por acuerdo con George, Nick va a la pensión de Ole para advertirle del peligro que corre. El enfoque de la "cámara de video" ahora sigue a Nick, éste, luego de entrevistarse con el sueco, regresa al restaurante muy desconsolado al haber constatado el deplorable estado de ánimo de Ole quien no quiere hacer nada para salvarse. Eso afecta anímicamente a Nick.

Conclusión: el cuento tiene un final sin final. Hemingway sale de lo común y le da al cuento el toque literario que lo ha de caracterizar en toda su carrera. La conclusión la pone el lector: ¿La vida no vale nada?. No se trata pues de un simple cuento de género policial o de misterio, si hubiera sido así, Hemingway seguramente hubiera cobrado apenas 50 dólares y no 200.

Los tres personajes en la escena final discuten. El cocinero no quiere oír nada más, George se vuelve indiferente pues cree que ya hizo todo lo que debió hacer, y Nick, después de haber sido un personaje casi neutro, reacciona en la única forma que puede: se irá del pueblo para no ser testigo de algo tan horrible como es el asesinato de un amigo sin siquiera luchar - el tema de la vida y la muerte esta presente en las obras de Hemingway desde sus inicios.




EL VIEJO Y EL MAR
Análisis de novela corta "El Viejo y el Mar"
Cantidad de palabras: 26,500
Formato: Cronológico lineal, tiempo pasado contado en tercera persona.
"El Viejo y el Mar", novella en inglés, para nosotros una novela corta, permitió a Hemingway ganar el premio Pulitzer en 1953 y después el Nóbel de Literatura en el 54. En esta obra Hemingway desarrolla una complicada trama en la que demuestra una vez más cuán pequeño es el hombre ante la naturaleza, pero cuán grande es aquel que tiene honor y dignidad para afrontar las dificultades.

Estructura dramática
La estructura que sostiene la acción dramática se basa en una poderosa trama en la que Santiago, el viejo, debe luchar con el enemigo más difícil de vencer: la naturaleza. Y la naturaleza es personificada por el mar con sus grandes peces y tal vez se deba incluir al destino también. El mismo protagonista y los demás pescadores, creen en el destino. En este caso todos están convencidos que el destino conduce a Santiago al fracaso. Aquí surge una pregunta: ¿Podrá el viejo lograr su cometido antes de que desfallezca?
Sólo hay dos opciones.
Hay una sub-trama. Se trata de Manolín quien acompaña al viejo pescador hasta su salida a la mar número 40 sin éxito. El viejo Santiago desea y ruega que el muchacho vuelva con él y lo acompañe en sus días solitarios, pero eso no es posible debido a su mala suerte. La vida de Santiago está ligada a los peces que logre llevar a puerto. El no cejará en su intento por conseguirlo, de ello dependerá su suerte para no sucumbir, pues ya lleva 84 días de malas.

He ahí la importancia y urgencia del viejo a enganchar un pez. Y ese día -el día 84 - justamente, pica un gran pez espada, y el viejo lucha con él por tres días consecutivos. En una lucha de titanes, como esa vence el que tiene más inteligencia, de eso el viejo estaba convencido: el hombre es superior al animal, pero "...a Dios gracias, los peces no son tan inteligentes como los que los matamos, aunque son más nobles y más hábiles." piensa el viejo..

La trama principal se resuelve negativamente, pues, aunque el viejo logra dominar al noble animal, éste es devorado sistemáticamente por los tiburones y sólo le dejan el espinazo. Es un hermoso triunfo moral. El viejo Santiago demuestra su hombría y capacidad física e inteligencia, pero el fin por el cual un pescador hace tamaño esfuerzo, es una retribución en metal, y al no obtenerla el resultado final significa un fracaso rotundo.
Si bien por un lado hay fracaso, en la sub-trama hay éxito a consecuencia de su heroica acción. Esta acción se supone levantó gran admiración en todo el poblado, y especialmente en Manolín y su familia por tanto Manolín cuando lo ve maltrecho tirado en su cama se pone a llorar, ahora lo admira mucho más que antes.
Cuando el viejo se despierta Manolín le dice con lágrimas en los ojos que volverá a pescar con él, no importa lo que digan sus padres.

Caracterización
En toda la novela hay poca descripción de los dos personajes principales. Para describir al viejo, Hemingway sólo emplea un párrafo, y más que nada, detalla las manchas y arrugas en la cara y dice que sus ojos son del color del mar, después da esporádicos datos con alguna otra característica del personaje. Hemingway en una oportunidad llamó "iceberg" a la técnica de no mostrar todos los datos de la historia, similar a un verdadero iceberg en la cual sólo se puede "ver" una pequeña parte de su real dimensión. Esta técnica fue llamada "el dato escondido" por Vargas Llosa.

En la obra se conoce muy poco acerca del pasado del viejo, apenas se menciona que en una pared él tenía una foto de su esposa pero que la quitó porque lo hacía sentirse muy solo, no se menciona si tuvo hijos. Acerca de la localidad, se sabe que el puerto está cercano a La Habana, no sabemos sin embargo el nombre, tampoco aparece en forma directa algún otro personaje aparte del protagonista que en alguna parte se dice que se llama Santiago y el muchacho que por ahí encontramos que se llama Manolín.
En ésta novela corta y el cuento "Los Asesinos" podemos reconocer algo del estilo minimalista que caracterizó a Hemingway desde sus primeros cuentos en 1925.
La técnica de Hemingway que influyó grandemente en los escritores más jóvenes de la época, es exitosa porque construye un realismo hecho desde el punto de vista del lector, no del autor como era lo usual. En estas dos obras de Hemingway, el lector forma su propia opinión acerca del personaje y la conclusión. El lector es inducido a imaginar ciertas partes tal como se imagina la cantidad de hielo que hay debajo del iceberg en el mar. Y ello con tan sólo leer unos cuantos datos que dosifica el autor y no una descripción completa. Esto se nota en el cuento "Los Asesinos", no se llega a saber cuales fueron los motivos por el cual el sueco es perseguido por los asesinos y solo se supone que es algo malo relacionado con la mafia de Chicago. Este estilo moderno tiene su mayor ventaja en que el lector, al haber sido obligado a usar su imaginación para completar el retrato del personaje o la escena o la localidad, grabará en su memoria tales hechos por un periodo más largo, lo que no ocurre con la técnica antigua en la que todo le es dado al lector: casi masticado.
Rolando Sifuentes 2006
Actualizado en Enero, 2016