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FRANZ KAFKA

Escritor checoeslovaco autor de cuentos y novelas cortas.
La metamorfosis marcó hito en la literatura universal

Franz Kafka, escritor checo
ACERCA DEL AUTOR
Franz Kafka (Praga, Checoeslovaquia 1883 - Kierling, Austria 1924) escribió muchos cuentos y novelas cortas empleando una técnica moderna; su obra más famosa es la novela La Metamorfosis que marca hito en la modernización de la novela universal. Pero Kafka no fue exitoso desde el comienzo de su carrera. La mayor parte de sus escritos fueron publicados póstumamente, después de la Segunda Guerra Mundial, es allí cuando su obra es leida en Francia, Inglaterra y otros países, y así comienza a ser reconocido el valor literario de su obra en conjunto. Kafka se graduó de abogado y trabajó en un puesto burocrático hasta 1922. A Kafka le gustaba este trabajo porque le dejaba tiempo para escribir, pero la enfermedad a los pulmones que lo aquejaba lo hicieron moverse de un lado para otro, inclusive estuvo internado en un sanatorio. Con la aparición del nazismo en Alemania, se completa su descgracia no solo la de él personalmente sino de toda su familia por ser judíos. De su último trabajo como abogado, obtuvo gran experiencia para escribir sobre los laberintos de la burocracia que enredan al ciudadano común, mal que aun sigue en nuestro tiempo, y se ha acuñado el término "kafkiano" para referirse a esos engorrosos problemas burocráticos que amargan la vida del ciudadano.

COMENTARIO SOBRE NOVELA CORTA LA METAMORFOSIS

Esta novela corta se publicó por primera vez en 1915 en Praga, y aun sigue interesando a los lectores a pesar del tiempo transcurrido. La metamorfosis inaugura una nueva época en la novela al haberse escrito con una técnica muy moderna con la que se dio nuevos bríos a la literatura universal.
En este comentario enfocamos a La metamorfosis en su forma y solo rozamos el contenido pues analizamos solamente las páginas No. 1, y 2 de las 95 que componen la novela, esto debido a que abarcar el contenido y la forma juntos ocuparía muchas páginas de este sitio web. El objetivo principal es comprender bien lo que se refiere al minimalismo y la técnica de apertura que se emplea aquí.
Es pues la técnica de Kafka bastante avanzada para su época, ha prescindido de los recursos anticuados como es la larga introducción, usual por aquellos años cuando la gente era muy pausada, cuando aun era el caballo uno de los más importantes medios de locomosión.
La introducción fue variando a finales del siglo XIX, y se perfeccionó justamente con Kafka y con otros escritores como el peruano Abraham Valdelomar con su cuento El Caballero Carmelo, Ernest Hemingway y otros. Estas obras marcan hito en la narrativa moderna.
Veamos como es la apertura de La Metamorfosis, note que los verbos están en negrita y los adjetivos en cursiva:

Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades, sobre el cual casi no se sostenía bien la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo. Numerosas patas, excesivamente delgadas en comparación al grosor normal de sus piernas, se agitaban sin concierto.

Como vemos aquí, el autor empieza de frente yendo a los hechos, porque los hechos valen más que palabras explicativas; el lector crea su propia imagen de la escena. Esta técnica después sería empleada (y mejorada) por los propios periodistas pues en las redacciones se exige que el comienzo de un artículo debe contener datos que contesten a las preguntas del qué, quién, cómo, cuando y donde como lo hace este primer párrafo de La metamorfosis.
Recuérdese que el mundo de esa época empezaba a aligerarse con la invención del vehículo automotor en 1929, y diez años más tarde a obtener información al instante con el radio receptor. Este primer párrafo en La Metamorfosis, a pesar de que describe una escena que parece estática, es muy dinámica pues hay movimiento que le dan los verbos. Esto es complementado por los pocos adjetivos, pocos pero contundentes que dan color, sensación de tacto, etc., para ser tocado el lector en todos sus sentidos, le hace placentera la lectura dándole, a la vez, la sensación de que está siendo conducido hacia algún lugar.
En la siguiente línea de la narración, Gregorio está preocupado por su nueva situación y se pregunta "¿Qué me ha ocurrido?", con lo que nos enteramos que a pesar de su transformación física, sigue pensando como una persona.
En el siguiente párrafo que comienza con "No estaba soñando.", el autor nos da más información para completar la idea sobre la transformación y sobre el ambiente que rodea a Samsa.
El tercer párrafo es corto y solo sirve para mostrar a Gregorio mirando el ambiente exterior a través de una ventana, y eso le causa gran melancolía pues está impedido de gozar de la libertad de pasear por una calle.
En el cuarto párrafos aumenta el temor de Gregorio, luego empieza a tomar acciones para acomodarse mejor, y se acuerda de su trabajo y la imposibilidad de llegar a él a tiempo en tal situación. Convencido de que nada puede hacer para remediar su situación, Gregorio se acomoda lo mejor que puede en su cama. Hasta allí el resumen de la acción, y como la presenta Kafka: no hay una trama interesante, solo una situación extraordinariamente sorprendente y fuera de lo común, una mezcla de fantasía con drama humano en el cual la solución está más allá del esfuerzo humano. El tono es serio a pesar de que en las primeras líneas suponíamos que estábamos ante un relato enteramente fantasioso, pero ello no es así, pues es un drama en el que se pone a prueba al elemento humano que rodea al protagonista.
Ahora ahondemos más sobre la forma: Kafka tempranamente, emplea el método minimalista que empezó a hacerse universal por aquella época, y siguieron esa corriente muchos escritores que ya estaban en plena modernización de la novelística. Entre ellos, por ejemplo, Ernest Hemingway, especialmente en su cuento Los Asesinos.
Pero ni Metamorfosis de Kafka ni las obras de Hemingway fueron los primeros trabajos literarios con estas características modernistas. En el Perú tuvimos un caso similar cuando en 1913 se publica el cuento El Caballero Carmelo de Abraham Valdelomar. Y esto fue notado por el crítico Luis Alberto Sánchez quien en su obra de 5 tomos, "La Literatura Peruana" hace mención de las primeras 17 líneas del referido cuento que empieza con ágiles párrafos y rápidamente nos introduce al meollo del asunto sin más dilación. Veamos el primer párrafo, note los verbos en negrita y los adjetivos en cursiva:

Un día, después del desayuno, cuando el sol empezaba a calentar, vimos aparecer, desde la reja, en el fondo de la plazoleta, un jinete en bellísimo caballo de paso, pañuelo al cuello que agitaba el viento, sanpedrano pellón de sedosa cabellera negra, y henchida alforja, que picaba espuelas en dirección a casa.

Como vemos aquí, este es un párrafo bastante bien elaborado, Valdelomar solo emplea tres verbos que dan gran movimiento a la escena sobre la llegada del hermano ausente, en cambio contiene hasta cinco adjetivos lo que le da un notorio colorido y sentido del tacto y de la vista al párrafo. Y sin embargo Valdelomar ha economizado una gran cantidad de palabras para hacer la descripción, note que hay dos escenarios: el del lugar donde una persona narra, y la plazoleta por donde el jinete se acerca; parte de la técnica es mantener ocultos al grupo de personas de donde sale la voz. Este primer párrafo tiene un enfoque objetivo, todavía no se sabe quien es el jinete que se acerca al lugar donde está el grupo que lo observa tras la reja, esos datos después se irán descubriendo conforme avance la lectura.
Rolando Sifuentes - junio, 2014



LA METAMORFOSIS

Novela corta

Franz Kafka

Sorprendente historia de Gregorio Samsa contada con depurada técnica literaria.

Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades, sobre el cual casi no se aguantaba la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo. Numerosas patas, penosamente delgadas en comparación al grosor normal de sus piernas, se agitaban sin concierto.
-¿Qué me ha ocurrido?
No estaba soñando. Su habitación, una habitación normal, aunque muy pequeña, tenía el aspecto habitual. Sobre la mesa había desparramado un muestrario de paños -Samsa era viajante de comercio-, y de la pared colgaba una estampa recientemente recortada de una revista ilustrada y puesta en un marco dorado. La estampa mostraba a una mujer tocada con un gorro de pieles, envuelta en una estola también de pieles, y que, muy erguida, esgrimía un amplio manguito, asimismo de piel, que ocultaba todo su antebrazo.
Gregorio miró hacia la ventana; estaba nublado, y sobre el cinc del alféizar repiqueteaban las gotas de lluvia, lo que le hizo sentir una gran melancolía.
«Bueno -pensó-; ¿y si siguiese durmiendo un rato y me olvidase de todas estas locuras?» Pero no era posible, pues Gregorio tenía la costumbre de dormir sobre el lado derecho, y su actual estado no permitía adoptar tal postura. Por más que se esforzara, volvía a quedar de espaldas. Intentó en vano esta operación numerosas veces; cerró los ojos para no tener que ver aquella confusa agitación de patas, pero no cesó hasta que notó en el costado un dolor leve y punzante, un dolor jamás sentido hasta entonces.
-¡Qué cansada es la profesión que he elegido! -se dijo-. Siempre de viaje. Las preocupaciones son mucho mayores cuando se trabaja fuera, por no hablar de las molestias propias de los viajes: estar pendiente de los enlaces de los trenes; la comida mala, irregular; relaciones que cambian constantemente, que nunca llegan a ser en verdad cordiales, y en las que no tienen cabida los sentimientos. ¡Al diablo con todo!
Sintió sobre el vientre un leve picor, con la espalda se deslizó lentamente más cerca de la cabecera de la cama para poder levantar mejor la cabeza; se encontró con que la parte que le picaba estaba totalmente cubierta por unos pequeños puntos blancos, que no sabía a qué se debían, y quiso palpar esa parte con una pata, pero inmediatamente la retiró, porque el roce le producía escalofríos. Se deslizó de nuevo a su posición inicial.
«Esto de levantarse pronto -pensó- le hace a uno desvariar. El hombre tiene que dormir. Otros viajantes viven como pachás. Si yo, por ejemplo, a lo largo de la mañana vuelvo a la pensión para pasar a limpio los pedidos que he conseguido, estos señores todavía están sentados tomando el desayuno. Eso podría intentar yo con mi jefe, en ese momento iría a parar a la calle. Quién sabe, por lo demás, si no sería lo mejor para mí. Si no tuviera que dominarme por mis padres, ya me habría despedido hace tiempo, me habría presentado ante el jefe y le habría dicho mi opinión con toda mi alma. ¡Se habría caído de la mesa! Sí que es una extraña costumbre la de sentarse sobre la mesa y, desde esa altura, hablar hacia abajo con el empleado que, además, por culpa de la sordera del jefe, tiene que acercarse mucho. Bueno, la esperanza todavía no está perdida del todo; si alguna vez tengo el dinero suficiente para pagar las deudas que mis padres tienen con él -puedo tardar todavía entre cinco y seis años lo hago con toda seguridad. Entonces habrá llegado el gran momento, ahora, por lo pronto, tengo que levantarme porque el tren sale a las cinco», y miró hacia el despertador que hacía tictaqueaba sobre el armario.
«¡Dios del cielo!», pensó.

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LA METAMORFOSIS




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