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Mini Cuentos Selectos de la Literatura Universal

Escritores famosos: Franz Kafka, James Baldwin

MAS CUENTOS:



DOS MINI CUENTOS DE:
Franz Kafka

EL PUENTE

318 palabras Cuento fantástico - Un puente que tiene vida, y siente como cualquier humano.

Yo era rígido y frío, yo estaba tendido sobre un precipicio; yo era un puente. En un extremo estaban las puntas de los pies; al otro, las manos, aferradas en el cieno quebradizo clavé los dientes, afirmándome. Los faldones de mi chaqueta flameaban a mis costados.

En la profundidad rumoreaba el helado arroyo de las truchas. Ningún turista se animaba hasta esas alturas intransitables, el puente no figuraba aún en ningún mapa. Así yo yacía y esperaba; debía esperar. Todo puente que se haya construido alguna vez, puede dejar de ser puente sin derrumbarse.

Fue una vez hacia el atardecer -no sé si el primero y el milésimo-, mis pensamientos siempre estaban confusos, giraban siempre en redondo; hacia ese atardecer de verano; cuando el arroyo murmuraba oscuramente, escuché el paso de un hombre. A mí, a mí. Estírate puente, ponte en estado, viga sin barandales, sostén al que te ha sido confiado. Nivela imperceptiblemente la inseguridad de su paso; si se tambalea, date a conocer y, como un dios de la montaña, ponlo en tierra firme.

Llegó y me golpeteó con la punta metálica de su bastón, luego alzó con ella los faldones de mi casaca y los acomodó sobre mi. La punta del bastón hurgó entre mis cabellos enmarañados y la mantuvo un largo rato ahí, mientras miraba probablemente con ojos salvajes a su alrededor. Fue entonces -yo soñaba tras él sobre montañas y valles- que saltó, cayendo con ambos pies en mitad de mi cuerpo. Me estremecí en medio de un salvaje dolor, ignorante de lo que pasaba. ¿Quién era? ¿Un niño? ¿Un sueño? ¿Un salteador de caminos? ¿Un suicida? ¿Un tentador? ¿Un destructor? Me volví para poder verlo. ¡El puente se da vuelta! No había terminado de volverme, cuando ya me precipitaba, me precipitaba y ya estaba desgarrado y ensartado en los puntiagudos guijarros que siempre me habían mirado tan apaciblemente desde el agua veloz.


PREOCUPACIONES DE UN
PADRE DE FAMILIA

482 palabras Cuento fantástico - Un padre de familia se preocupa por un ser que, siendo apenas un ente material, siente la vida como un ser humano.

Algunos dicen que la palabra «odradek» precede del esloveno, y sobre esta base tratan de establecer su etimología. Otros, en cambio, creen que es de origen alemán, con alguna influencia del esloveno. Pero la incertidumbre de ambos supuestos despierta la sospecha de que ninguno de los dos sea correcto, sobre todo porque no ayudan a determinar el sentido de esa palabra. Como es lógico, nadie se preocuparía por semejante investigación si no fuera porque existe realmente un ser llamado Odradek.
A primera vista tiene el aspecto de un carrete de hilo en forma de estrella plana. Parece cubierto de hilo, pero más bien se trata de pedazos de hilo, de los tipos y colores más diversos, anudados o apelmazados entre sí. Pero no es únicamente un carrete de hilo, pues de su centro emerge un pequeño palito, al que está fijado otro, en ángulo recto. Con ayuda de este último, por un lado, y con una especie de prolongación que tiene uno de los radios, por el otro, el conjunto puede sostenerse como sobre dos patas.
Uno siente la tentación de creer que esta criatura tuvo, tiempo atrás, una figura más razonable y que ahora está rota. Pero éste no parece ser el caso; al menos, no encuentro ningún indicio de ello; en ninguna parte se ven huellas de añadidos o de puntas de rotura que pudieran darnos una pista en ese sentido; aunque el conjunto es absurdo, parece completo en sí. Y no es posible dar más detalles, porque Odradek es muy movedizo y no se deja atrapar. Habita alternativamente bajo la techumbre, en escalera, en los pasillos y en el zaguán. A veces no se deja ver durante varios meses, como si se hubiese ido a otras casas, pero siempre vuelve a la nuestra.
A veces, cuando uno sale por la puerta y lo descubre arrimado a la baranda, al pie de la escalera, entran ganas de hablar con él. No se le hacen preguntas difíciles, desde luego, porque, como es tan pequeño, uno lo trata como si fuera un niño.
-¿Cómo te llamas? -le pregunto.
-Odradek -me contesta.
-¿Y dónde vives?
-Domicilio indeterminado -dice y se ríe. Es una risa como la que se podría producir si no se tuvieran pulmones. Suena como el crujido de hojas secas, y con ella suele concluir la conversación. A veces ni siquiera contesta y permanece tan callado como la madera de la que parece hecho. En vano me pregunto qué será de él. ¿Acaso puede morir? Todo lo que muere debe haber tenido alguna razón de ser, alguna clase de actividad que lo ha desgastado. Y éste no es el caso de Odradek. ¿Acaso rodará algún día por la escalera, arrastrando unos hilos ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? No parece que haga mal a nadie; pero casi me resulta dolorosa la idea de que me pueda sobrevivir. FIN



UNA LECCION DE HUMILDAD

James Baldwin


335 palabras Fábula que nos enseña algo importante de la vida - inspirada en un cuento de Las mil y una noches

Cierto día el Califa Harun Alraschid organizó un gran banquete en el salón principal de palacio.
Las paredes y el cielo raso brillaban por el oro y las piedras preciosas con las que estaban adornados. Y la gran mesa estaba decorada con exóticas plantas y flores Allí estaban los hombres más nobles de toda Persia y Arabia. También estaban presentes como invitados muchos hombres sabios, poetas y músicos.
Después de un buen tiempo de transcurrida la fiesta, el califa se dirigió al poeta y le dijo:
-Oh, príncipe hacedor de hermosos poemas, muéstranos tu habilidad, describe en versos este alegre y glorioso banquete.
El poeta se puso de pie y empezó con estas palabras:
-¡Salud! Oh, califa, y gozad bajo el abriggo de vuestro extraordinario palacio.
-Buena introducción -dijo Alraschid-. Peroo permítenos escuchar más de vuestro discurso. El poeta prosiguió:
-Y que en cada nuevo amanecer te llegue taambién una nueva alegría. Que cada atardecer veas que todos tus deseos fueron realizados.
-¡Bien, bien! Sigue pues con tu poema.
El poeta se inclinó ligeramente en señal de agradecimiento por tan deferentes palabras del califa y prosiguió:
-¡Pero cuando la hora de la muerte llegue, oh mi califa, entonces, aprenderéis que todas las delicias de la vida no fueron más que efímeros momentos, como una puesta de sol.
Los ojos del califa se llenaron de lágrimas, y la emoción ahogó sus palabras. Cubrió su rostro con las manos y empezó a zosollar.
Luego uno de los oficiales que estaba sentado cerca del poeta, alzó la voz:
-¡Alto! El califa quiso que lo alegraran con cosas placenteras, y vos le estáis llenando la cabeza con cosas muy tristes.
-Dejad al poeta solo –dijo Raschid-. El haa sigo capaz de ver la ceguera que hay en mí y trata de hacer que yo abra los ojos.

Harun Alraschid (Aaron el justo), fue el más grande de los califas de Bagdad. Se puede encontrar más historias sobre él en ese maravilloso libro conocido como Las Mil y Una Noches


JUTITO

Antonio Gálvez Ronceros

720 palabras Gálvez Ronceros es uno de los abanderados del cuento regionalista y el mini cuento en el Peru.

El día en que el negro Vallumbrosio fue insultado por su propio ahijado, un negrito llamado Jutito, casi se le desploma la jeta. Puso los ojos de vaca, la nariz de toro y, mascando dientes, se fue a la casa de su compadre.
-Compaire Juto, he venío hacero queja.
-¿Haceme queja a mí, compaire?
-He venío a dale la queja de su hijo Jutitto, que mia insurtrao.
-¡Qué!
-Mia dicho una tremenda lisura.
-Qué lisura esesa, compaire.
-Una tremenda palaibra.
-Pero cuál esesa palaibra, compaire. Poque yo quiedo sabé el tamaño y la dimensión de la palaibra, pa según eso catigá a ese muchacho.
-Uté, compaire, quiede que yorepita esa paalaibra, que yo mimo me jora.
-Pero yo quiedo sabé qué cooosa lia dicho ese muchacho.
-Mia dicho una tremenda lisura.
-Gueno -dijo Juto; torció el cuello, apuntó los dientes hacia el fondo de la casa y llamó a su mujer:- Juuuta, Juuuta...
-¿Juto?
-Llámame acá a ese Jutito, que quiedo hablá con él.
Juta llamó a su hija, que estaba más al fondo:
-Jutiliiicia, Jutiliiicia...
-¿Mama?
-Llama a ese Jutito. Dile que su tata lo ta eperando ajuera.
-Jutiiito, Jutiiito...
-Qué quiedes -dijo Jutito; estaba escondiddo en el corral.
-Te llama mi tata.
Y queriendo y no queriendo, Jutito fue llevado ante la presencia de su padre y de su padrino. Y el padre le dijo:
-Oooye, nerito, túuu me váaas a decí qué ccóoosa lias dicho a mi compaire.
-Je... je... Pendeijo mi tata. Quiede que yo le vuerva a joré a mi parino.
-Horita mimo túuu me váaas a decí qué cóooosa lias dicho.
-Je... je... Yore dije a mi parino: don Miitey Cuca*.
A Valumbrosio se le bajó la color: se puso cenizo.
-Y túuu, nerito deriabro, nerito e too lo demonio, po qué lias dicho esa lisura a mi compaire.
-Je... je... Poi jorelo.
-Hora tú va ve cómo yo te vuagará y te vuaacé desaparecé.
Pero, ¡fuit!, Jutito pasó por debajo de su padre y de su padrino, tomó el frondoso y altísimo árbol que sombreaba la casa y con elástica facilidad trepó velozmente hasta la rama más alta, como una lagartija que hubiera pasado corriendo a lo largo del tronco. Luego todo quedó en silencio.
Juto y Vallumbrosio se miraron la cara. Inmóviles del cuello hacia abajo, levantaron de costado lentamente la cabeza y miraron hacia arriba: las ramas de ese lado estaban quietas y en la penumbra del follaje era imposible distinguir a nadie. Bajaron la cabeza y la fueron levantando poco a poco por el otro lado: la quietud y la penumbra se extendían a toda la copa del árbol. Entonces Juto, manteniendo la mirada en lo alto, llamó:
-Jutito, baja diay.
El árbol ni se movió.
-¡Oye, muchacho, baja te digo!
El árbol siguió en silencio, como si arriba no hubiera nadie y Juto le estuviera hablando al árbol.
-¿Me oíte?
Todo siguió igual. Era como para creer que ahí no había ningún árbol y Juto le estuviera hablando al aire.
Desconcertado, interrogó a Vallumbrosio:
-Yue vito que aquí se subió. Uté, compaire, ¿también vio lo que yo vi?
Vallumbrosio, que se hallaba con el ceño endurecido, apretó la jeta en señal de afirmación. Entonces Juto enfiló nuevamente la voz hacia lo alto del árbol:
-Ahi mimo tas. Horita te bajas.
La voz de Jutito se descolgó:
-Pa qué.
-¡Baja te digo!
-Pa qué.
-¿No quiedes obedecé?
-Aquí toy bien.
-¡Baja muchacho e miedta!
-Ta jorío.

Vallumbrosio hizo un gesto como para matar una culebra y se marchó sin despedirse. Juto, que lo vio alejarse, miró al cielo y observó que el sol se resbalaba del centro. Entonces lanzó un escupitajo contra el tronco del árbol y rápidamente se metió en la casa, jalando de una soga a un burro de serones vacíos. Trepó en el animal y se alejó de prisa.

Jutito fue asomando cautelosamente la cabeza por encima del árbol y observó el campo a la redonda. Su padre, lejano, se acercaba a un sembrado.
-Allá va mi tata -dijo-. Sia ido a cotá yerba.
En otro lado avistó a Vallumbrosio que avanzaba hacia una casa, empequeñecido por la distancia.
-Ve, allá va mi parino, don Mitey Cuca -y sin dejar de mirarlo se puso a vocear:
-Miiiitey... Miiiitey... Mitey Cuuuuca...

* MITEY: mister. CUCA: órgano sexual femenino.



PARTIDO PERDIDO

Nelson Castañeda

479 palabras Partido de fútbol perdido pero en él, Gerónimo Rivera se da cuenta que tiene porque luchar en esta vida

Se agazapa y se deja caer sentando bien los codos en la grama, y atrapa la pelota. El bullicio de las tribunas le sienta bien; con la punta de su botín olímpico arroja el esférico lo más lejos que puede. En la acción se ha olvidado de Claudia, pero mientras el juego transcurra lejos de su arco, no puede eludir su recuerdo. Salta impetuoso sintiendo como sus piernas dóciles se alejan del suelo y la patea con fuerza como para reventarla y cede un corner. Se preocupa, se arquea, retrocede, pero no se puede olvidar. "Este partido se lo dedico al...", piensa. Un momento después el juego se aleja como una oleada hasta el otro campo.
No quiere alzar la vista a las tribunas; ella ha de estar en algún lado, mirándolo. El ya no responderá a sus miradas.
Está cruzado de brazos, silencioso y bien alejado del arco. La tribuna ruge y salta exaltada: su equipo en una acción conjunta acaba de abrir el marcador. "Claudia", piensa, "esta tarde no me meten ni un gol" Trata de agregarle una lisura a su pensamiento, pero lo deja así. Abre la boca para jurar en voz baja "por mi madrecita".
La avalancha de los cremas lo asusta; vienen como caballos desbocados. El griterío de sus defensas lo atolondra, les hace una señal para que bajen la bulla y el sudor se le acerca. Enumera, sin moverse, todos sus recursos, todas las mañas que le han permitido mantenerse de titular desde que empezó el campeonato. Hay uno que se ha escapado por la derecha y viene como asustadito, cada vez avanza más, cada vez está más solo, cada vez va relegando a todos y a él le sudan frío las rodillas, las manos, la frente.
Para él sólo existen las piernas que pedalean animosamente y la pelota y todo lo demás se ha borrado en todo el estadio. Pero Claudia penetra en la penumbra de su pensamiento que se desintegra, va reintegrando las partes, viene con su vestido azul, con la primera promesa de nunca dejarlo, la muchedumbre bate, ella lo acompaña, las tribunas alternativamente rugen y callan como palpitaciones gigantes, ella baila con él, el grass se prende de fosforecencia, ella viene.
-¿Usted es Rivera?
-Sí, señorita.
-Todas las chicas lo miran a usted porque es el mejor arquero... ¿Qué mira?
-Me gusta su falda marrón.
-Ja,ja, mis amigas dicen que está muy corta; usted ¿Qué opina?
-A mi me parece que no; además cuando hay algo bueno que mostrar...
-­Ja! ­ja! ­ja!
El estadio parece que va a explotar; el público grita y se mueve como un solo animal. Y él se arroja. El delantero sale disparado hasta los parantes, pero antes ha dejado un tremendo patadón en el pecho del guardavallas; lo ha hecho perder el sentido. Cuando logran despertarlo, Gerónimo Rivera tiene todavía atenazada la pelota.
1981



EL ESPANTAPAJAROS

Fernando Lujan

760 palabras A veces es el mismo hombre quien rompe la armonía que hay bajo el cielo.

El Espantapájaros había contemplado muchas noches la lección de las estrellas, había observado la labor diaria del hombre en los sembrados, había escuchado atentamente el canto de todos los pájaros de su comarca, había sufrido la cólera de los vientos, la inclemencia de la lluvia y el ardor del sol; todo esto fue dándole comprensión y sabiduría, lo cual resultaba en beneficio de las avecillas, pues a todas le permitía llevar algunos granos para su sustento y abastecer los nidos donde piaban sus polluelos.
Pero un día el hombre se dio cuenta de lo que pasaba y acercándose donde el espantapájaros, le dijo:
-Si tú sigues permitiendo que los pájaros se roben los granos de mi sembrado, te cogeré y te echaré al fuego.
Esto era lo que más horrorizaba al pobre Espantapájaros, pues su cabeza, sus brazos, y sus piernas estaban rellenas de paja y arderían rápidamente.
Pasaron dos días durante los cuales él no les permitió a los pájaros llevarse ni un grano. Al tercer día, se acercó la golondrina y parándose en uno de sus hombros, le dijo:
-Amigo Espantapájaros, no sea usted tan cruel, permítame llevar algunos granos para mis tres pajaritos que desde ayer no comen y están muriéndose de hambre. Pero el Espantapájaros le dijo que no y la golondrina se fue llorando. Al cuarto día llegó el mirlo haciéndole la misma súplica, y el espantapájaros le dijo también que no y el mirlo se fue llorando. Al quinto día se reunieron todos los pájaros del bosque para deliberar lo que debían hacer en aquella situación difícil, y después de ponerse de acuerdo, se fueron donde el Espantapájaros y le dijeron:
-Señor, hemos resuelto que si usted no noss permite recoger los pocos granos que necesitamos para vivir y no morirnos de hambre, nos iremos absolutamente a vivir a otra comarca, donde la vida nos sea menos dura, y cuando nos hayamos ido, el hombre verá que ya no necesita de sus servicios y entonces se lo llevará y lo echará al fuego.
El Espantapájaros que había estado muy preocupado pensando cómo podía resolver el asunto, les dijo:
-Amigos míos, mal hacéis en venir a amenazarme, pues nadie más que yo se preocupa por el bienestar de vosotros, y al fin he encontrado una solución, pero antes teneis que ir donde el ratón y rogarle que venga a hablar conmigo, y yo os prometo que mañana tendréis los granos que necesitáis para vivir felices en mi comarca.
Todos se fueron llenos de esperanzas y comisionaron a la golondrina para que fuera a hablar con el ratón, con quien tenía amistad por vivir ambos en la casa del hombre, y le dijera que el Espantapájaros tenía un asunto muy importante que comunicarle.
El ratón llegó por la noche y el Espantapájaros le dijo:
-Te he llamado porque sólo tú puedes sacarrme de un gran apuro en que estoy, y es que el hombre me ha dicho que si permito a los pájaros llevarse algunos granos del sembrado, él me echará al fuego; pero sucede que también los pájaros me amenazan con abandonar esta comarca si no les proporciono qué comer, y el hombre verá entonces que mis servicios son inútiles y también me echará al fuego. Quiero que tu vayas al granero del hombre y en el lugar menos visible, hagas un agujero por donde puedan los pájaros, antes que raye el alba y el hombre se levante, aprovisionarse a sus anchas de todos los granos que necesitan, y a cambio de eso, yo te prometo la amistad más firme y servirte de hoy en adelante en todo lo que tú me solicites, aunque para ello sea necesario cualquier sacrificio de mi parte.
Al ratón le parecieron buenas las razones y esa misma noche dejó concluido un agujero en una de las esquinas del granero, donde el hombre no podría notarlo por estar a la sombra de unas zarzas tupidas, y en cambio, de mucha facilidad para que los pájaros entraran y salieran en la madrugada, llevando todo el comestible que necesitaran, quedándoles asi el resto del día libre para cantar, pasear y regalarse con sabrosos postres de moras y otras frutas que encontraran al azar en el campo.
El día siguiente el Espantapájaros les comunicó la buena nueva a las avecillas, que desde entonces vivieron en esa comarca sin mayores dificultades; el hombre continuó sus labores muy satisfecho de recoger íntegramente sus cosechas; y el Espantapájaros vivió también feliz, enriqueciendo su sabiduría con el canto de los pájaros y la lección de las estrellas.


Nota sobre los autores:

  • Franz Kafka, Escritor Checo que ganó fama con su cuento La Metamorfosis. Kafka marcó un hito en la literatura moderna con sus historias, una mezcla donde lo real se confunde con lo fantástico.
  • James Baldwin Versátil escritor norteamericano que cultivó tanto la novelística como la cuentística. Baldwin también produjo muchos ensayos sobre temas sociales, especialmente las luchas cívicas en pro de la causa negra y otras minorías de su país. Su obra más conocida es la novela Ve y dilo en la montaña
  • Antonio Gálvez Ronceros, peruano. Profesor universitario. El presente mini cuento fue tomado de su libro "Monólogo desde las Tinieblas", con ilustraciones del mismo autor. Por ser natural de Chincha, centro importante de la negritud en el Peru, Gálvez Ronceros ha podido plasmar en este mini cuento, hermosos cuadros en los que retrata vívidamente a sus quimbosos personajes afroperuanos.
  • Nelson Castañeda, peruano, de profesión pintor en la especialidad de retrato. Castañeda, además de pintar tiene una pasión por la literatura, a comienzos de la década del 70, editó una pequeña revista, Orígen, en la que se dieron a conocer algunos poetas que después lograron su consagración. Castañeda también escribe poesía y tiene un blog Artes Propuestas
  • Fernando Lujan, escritor costarricence, autor de una hermosa antología de poesía para niños.


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