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Julio Ramón Ribeyro

cuentos cortos con temas urbanos, sociales, antibélicos
La técnica de Ribeyro analizada: narración, objetividad

MAS CUENTOS: SECCION NOVELAS

Imagen Julio Ramon Ribeyro
NOVELA URBANA El Informal de Rolando Sifuentes, autor de este sitio web. La obra está ambientada en la Lima actual, y gira en torno a Gonzalo quien ha perdido su trabajo en época de la crisis económica de mediados de la década de 1990. Gonzalo trata de superarse para recuperar su sitial con su familia y amigos. Click en imagen para leer las primeras 10 páginas.



NOVELA HISTORICA
TRAFALGAR de Benito Pérez Galdóz (España) - Novela histórica que narra con gran detalle y emotividad, los cruciales momentos en que la escuadra combinada España-Francia, hace frente a su archirival Inglaterra: dos estrategias enfrentadas en la cual vencerá la más innovativa, mejor planeada y más intrépida.

FRANZ KAFKA

LA METAMORFOSIS, famosa novela corta de Kafka de principios del siglo XX, esta novela marcó época por el empleo de técnicas modernas como ser el minimalismo en la forma, y la crítica social como tema argumentativo que hasta el día de hoy están vigentes.


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EL MARQUES Y LOS GAVILANES

(cuento)

Julio Ramón Ribeyro


Ejemplo de cuento narrativo: no existen diálogos, toda la historia es narrada

Imagen Julio Ramon RibeyroLa familia Santos de Molina había ido perdiendo en cada generación una hacienda, una casa, una dignidad, unas prerrogativas y al mediar el siglo veinte sólo conservaba de la opulencia colonial, aparte del apellido, su fundo sureño, la residencia de Lima y un rancho en Miraflores.
Gentes venidas de otros horizontes - del extranjero, claro, pero también de alejadas provincias y del subsuelo de la clase media - habían ido adueñándose poco a poco del país, gracias a su inteligencia, su tenacidad o su malicia. Nombres sin alcurnia ocupaban los grandes cargos y manejaban los grandes negocios. El país se había transformado y se seguía transformando y Lima en particular, había dejado de ser el HORTUS CLAUSUM! virreinal para convertirse en una urbe ruidossa, feísima e industrializada, donde lo más raro que se podía encontrar era un limeño.
Los Santos de Molina se habían adaptado a esa situación. Olvidaron sus veleidades nobiliarias, contrajeron alianzas con gentes de la burguesía, se embarcaron en especulaciones bursátiles, trataron de hacer tecnócratas a sus hijos y en la última generación surgieron incluso mozalbetes que recusaban en bloque los valores tradicionales y se iban en blue jeans a fumar marihuana a la ciudad milenaria de Macchu Pichu.
Pero el único que no aceptó esta mudanza fue don Diego Santos de Molina, el mayor de los tíos, un solterón corpulento, que seguía exigiendo en ciertos círculos que se le tratara de marqués, como su antecesor Cristóbal Santos de Molina, cuarto virrey del Perú. En plena juventud había sufrido un accidente que le paralizó el brazo izquierdo, lo que lo apartó de la vida activa y lo confinó al ocio, al estudio y la conversación. Para que se entretuviera en algo y gozase de una renta, la familia le encargó la administración de los bienes comunes y le cedió la casona de la calle Amargura, que de puro vieja nadie quería habitar.
Fue allí que rodeado de daguerrotipos y pergaminos, Diego Santos de Molina fundó una comarca intemporal, ocupado en investigaciones genealógicas y en la lectura de las memorias del duque de Saint-Simon, que terminó por conocer de memoria. Su contacto con la ciudad se había vuelto extremadamente selectivo: misa los domingos en San Francisco, té todas las tardes en el bar del Hotel Bolivar, algunos conciertos en el Teatro Municipal y tertulias con tres o cuatro amigos que, como él, seguían viviendo la hipótesis de un país ligado aún a la corona española, en el que tenían curso títulos, blasones, jerarquías y protocolos, país que, como estaban todos de acuerdo, "había sido minado definitívamente por la emancipación".
Estas tertulias eran siempre las mismas y su enjundia venía de su repetición. Después de un preámbulo nostálgico y empolvado, en el que se evocaba el mundo arcádico del príncipe de Esquilache y del Paseo de Aguas, se llegaba infaliblemente a la revista de los personajes y familias que estaban en el candelero. Sobre esta materia, don Diego poseía una autoridad canónica y una facundia que había llegado a ser legendaria. Gracias a sus pesquisas, a la tradición oral y a su prodigiosa memoria conocía los orígenes de todas las familias limeñas. Y así no había persona descollada que no descendiera de esclavos, arrieros, vendedores ambulantes, bodegueros o corsarios. Alguna tara racial, social o moral convertía a todos los habitantes del país, aparte de los de su círculo, en personas infrecuentables.
Una tarde en que llegó al bar del Hotel Bolivar a tomar su té se llevó una enorme sorpresa: su mesa, la que desde hacía años le tenía reservada en el ángulo más tranquilo, donde podía leer el ABC y el TIMES sin ser importunado, estaba tomada por tres señores que departían en voz baja ante sendas tazas de café.
Se aprestaba a ponerse los anteojos para identificarlos cuando el viejo mozo Joaquín Camacho se le acercó y tomándolo del brazo lo condujo hacia el mostrador pidiéndole excusas, tenía que comprender, señor marqués, pero don Fernando Gavilán y Aliaga...


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LA PIEL DE UN INDIO NO CUESTA CARO

(cuento corto)

Julio Ramón Ribeyro


Julio Ramón Ribeyro nos ilustra con un cuento de tema social: el problema de la corrupción en el Perú

-¿Piensas quedarte con él? -preguntó Dora a su marido.
Miguel, en lugar de responder, se levantó de la perezosa donde tomaba el sol y haciendo bocina con las manos gritó hacia el jardín:
-¡Pancho!
Un muchacho que se entretenía sacando la yerba mala volteó la cabeza, se puso de pie y echó a correr. A los pocos segundos estuvo frente a ellos.
-A ver, Pancho, dile a la señora cuanto es ocho más ocho.
-Dieciséis.
-¿Y dieciocho más treinta?
-Cuarentiocho.
-¿Y siete por siete?
Pancho pensó un momento.
-Cuarentinueve.
Miguel se volvió hacia su mujer:
-Eso se lo he enseñado ayer. Se lo hice repetir toda la tarde pero se le ha grabado para toda la vida.
Dora bostezó.
-Guárdalo entonces contigo. Te puede ser útil.
-Por supuesto. ¿No es verdad Pancho que trabajarás en mi taller?
-Sí, señor.
A Dora que se desperezaba:
-En Lima lo mandaré a la escuela nocturna. Algo podemos hacer por este muchacho. Me cae simpático.
-Me caigo de sueño -dijo Dora.
Miguel despidió a Pancho y volvió a extenderse en su peresoza. Todo el vallecito de Yangas se desplegaba ante su vista. El modesto río Chillón regaba huertos de manzanos y chacras de panllevar. Desde el techo de la casa se podía ver el mar, al fondo del valle, y los barcos surtos en el Callao.

Clique aquí para leer el cuento completo

LOS MORIBUNDOS

(cuento corto)

Julio Ramón Ribeyro


Esta guerra se conoció como conflicto (en oposición a guerra total)
porque estaba focalizada solamente en una zona

A los dos días que empezó la guerra comenzaron a llegar a Paita los primeros camiones con muertos. Mi hermano Javier me llevó a verlos a la entrada del hospital. Los camiones se detenían un momento frente al portón y los enfermeros salían para echarles una ojeada. A veces encontraban a un moribundo entre tanto cadaver, lo ponían en una camilla, lo metían rápidamente al hospital y el camión seguía rumbo al cementerio.
-Los que tienen polainas son los ecuatorianos -decía Javier-. Los que tienen botas son los peruanos.
Pero estos detalles me tenían sin cuidado, pues lo único que me interesaba era ver cómo los muertos, al morir, trataban de abrir la boca y de enseñar los dientes, aunque fuera los dientes rotos a travez de los labios rotos. Me llamaba la atención la risa de los muertos, una risa que yo encontraba, no sé por qué, un poco provocadora, como la risa de aquellas personas que lo hacen sin ganas, solamente por fastidiarnos la paciencia.
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Somero análisis de los cuentos de Julio Ramón Ribeyro.

Julio Ramón Ribeyro, Lima, Perú (1929-1994) Los cuentos cortos de Ribeyro pueden equipararse a cualquier otra cuentística en otras lenguas. Nuestro autor también escribió obras de teatro y tres novelas, pero fueron sus cuentos los que le dieron fama.
El Marqués y los Gavilanes
Análisis de "El Marqués y los Gavilanes"
Cantidad de palabras: 6900
Formato: Narración cronológico lineal en tiempo pasado, tercera persona.
En este cuento Ribeyro muestra su maestría para manejar personajes excéntricos. Este es un modelo de historia en la que, partiendo con un personaje sano de mente y cuerpo, se va alienando poco a poco hasta llegar al desequilibrio mental y luego convertirse en caso patológico. El mismo Chejov, maestro del cuento corto, hubiera admirado este trabajo de haber pertenecido a nuestra época

El proceso de cambio en el personaje principal, don Diego Santos de Molina, un vecino de rancio abolengo de la Lima de mediados del siglo veinte, empieza al recibir el primer golpe a su orgullo cuando es desplazado de su mesa favorita en el Gran Hotel Bolívar. Y peor aún, debe dejar su sitio de tantos años a uno de los nuevos ricos, con mucho dinero y poder pero sin alcurnia, uno de esos tantos nuevos vecinos que luchan y surgen desde abajo. Don Diego Santos de Molina, como noble descendiente de encumbrados antepasados quien, entre otras cosas, había heredado el título de marqués, no podía dejar de sentir aquella vil acción perpetrada por tan innoble personaje, de dudosa ascendencia.

La migración del campo a la ciudad ya había empezado y cobraba fuerza. La ciudad de Lima conocida como "Ciudad de los Reyes"empieza a pasar del señorío al populisno ramplón que hace retroceder social y económicamente a los señorones que hasta esa época eran la nata de la sociedad.

Esa transformación de su ciudad es la causante principal del desasosiego de don Diego Santos de Molina. El proceso del cambio es bastante largo, se puede calcular en muchos años, desde el primer encontrón que tuvo el protagonista con el otro señor poderoso en el Hotel Bolívar, hasta su caida final. Don Diego recorre varios países de América y Europa para cavilar con tranquilidad, antes de asestar lo que él cree su gran golpe al intruso.

Aquí Ribeyro se encuentra con dos problemas al escribir el cuento, el primero: que el cuento perdía su unidad de tiempo pues la mayoría de cuentos se desarrollan en horas, días y en pocos casos en semanas o meses, pero en este caso se trata de varios años. El segundo problema es lo referente a los viajes que el personaje principal hace yendose a Europa, con ello el cuento pierde su unidad de espacio. A su vez el espacio y tiempo en conjunto hacen perder la unidad de acción que es lo más importante en un cuento. Entonces, la mejor opción para el autor es contar la historia en forma de narración. De esta forma, Ribeyro maneja exitosamente la cuestión del tiempo y el espacio en este cuento ya que por medio de párrafos de pura narración hace avanzar la trama muy rápidamente. El tono es zumbón y hay escenas dramáticas salpicadas de humor. La trama se desarrolla lenta pero segura hasta llegar a la crisis en la que don Diego cae derrotado por el sistema.

*Ejemplos de narración como esta obra de Julio Ramón Ribeyro las encontramos en la colección de "Narraciones Extraordinarias" de Edgar Allan Poe, especialmente en "La Caida de la Casa Usher" y "El Pozo y el Péndulo". La similitud es solo en la forma pues ambos narradores son totalmente disímiles: Poe describe la ambientación gótica para afectar a sus personajes y Ribeyro, más moderno, describe a su personaje que trata de cambiar el mundo que lo rodea pero es derrotado.





La Piel de un Indio No Cuesta Caro

Análisis de "La Piel de un Indio No Cuesta Caro"
Cantidad de palabras: 2780
Formato: Contado en tercera persona, tiempo pasado.

Este es un cuento corto de corte netamente temático - el autor es un crítico social, pero sin entrar al panfleto ni a la prédica moralizadora. Para lograr este cometido, Ribeyro se vale de la técnica objetiva, él escoge su ángulo y desde allí narra la historia en forma objetiva.

Una joven pareja de profesionales han conseguido a un muchachito proveniente de la sierra para que ayude a Miguel, el esposo, ejecutando trabajos menores.
Cuando van a su casa de campo por unos dias, el niño muere el tocar unos cables eléctricos pelados de un poste pertenecientes al club, al cual pertenecen todos los propietarios de las casitas. Miguel es un hombre que, como todos en su generación de la segunda parte del siglo 20, estaba imbuido de la justicia social que pregonaban por esa época los nuevos partidos políticos progresistas y de izquierda.

Miguel es tajante ante el presidente del club sobre los derechos del niño muerto. Miguel quiere que se haga justicia ante el descuido del club y amenaza con ir inmediatamente a dar parte a la familia para que tome las medidas del caso, no le importa que el presidente sea justamente tío de su esposa, ni tampoco que en manos de él está la aprobación de buenos contratos que Miguel puede obtener.

Miguel solo quiere justicia y el cumplimiento de las leyes. El discute agriamente con el presidente. Al cabo de un rato vuelve el presidente y le dice que no hay problema que todo está normal y le muestra el informe del médico de la Posta (médica) que dice muerte por "deficiencia cardiaca", y una copia del parte policial en el que dice lo mismo que el certificado médico. Miguel dice a su tió político " Esto me parece una infamia", ya que sabe eso es una mentira. Pero aún ante ese revés legal, Miguel decide proseguir con su idea de pelear. Poco antes de partir, el presidente le envía un sobre cerrado. Al abrirlo encuentra un cheque al portador por 5 mil soles para que entregue a los deudos, y la reiteración para que vaya a la fiesta que se dará esa noche.

En ese momento el cuento llega a su momento crucial, Miguel está en la disyuntiva de rechazar el dinero e irse a Lima a seguir con la lucha en bien del desposeído, o tomar el dinero y proseguir con su vida de éxitos que se le presenta fácil con la vara de su tío político: Miguel opta por lo segundo, se guarda el cheque y va a la fiesta con la esposa.

Esa es toda la historia escrita, pero este cuento corto tiene es solo la punta del iceberg, y tiene otra historia que no está escrita y comienza con el título. En el título se dice que " la piel de un indio no cuesta caro", esta aseveración esta dicha con ironía y mordacidad y si unimos las dos ideas: el título con la historia nos da como resultado una metáfora que nos ilustra lo que en el Perú se conoce como la cultura de la coima. El país camina al son de la coima, la coima es la institución que mejor funciona en el país y todos o casi todos caen en ella, hasta el buen Miguel, de nobles sentimientos, con gran emoción social, pero que se da cuenta que con su quijotismo nada bueno podrá obtener ya que esta solo en esa lucha, y se da cuenta que más le vale entrar al "cuento" que luchar contra un sistema corrupto muy difícil de combatir.

Lea también en éste mismo sitio otros cuentos cortos contados desde un ángulo objetivo. La técnica es la misma y sólo hay variaciones entre uno y otro autor y tema:
Los Asesinos, de Ernest Hemingway
La Boticaria de Anton Chéjov


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