Orión - ezine de divulgación literaria

CUENTO CORTO - TEMA URBANO

Problema Social de la Gran Urbe Moderna
La escoria humana del sistema que no queremos ver

Contado en Primera Persona, Tiempo Presente

REPORTAJE

Cuento corto urbano

Rolando Sifuentes

Manolo habla claro al reportero y no acepta conmiseración alguna

Un vagabundo y su perro¿Qué quieres hacerme un reportaje? ¿Soy tan importante como dices? ¿Quizás como una estrella de la farándula...? ¿O qué..? Ah, eso sí, somos gente muy especial y me alegro que tus lectores quieran saber de nosotros. Bueno, acepto; contestaré a tus preguntas, siempre y cuando no sean huevadas. Te diré todo, todito sobre mí y mis amigos, pero eso sí, nada diré sobre mi familia; ellos son lo más sagrado que tengo. Te diré cuan maldito fui en mi vida pasada, pero sobre mi mujer y mi hijo sólo diré lo que yo quiera. Comenzaré diciéndote que mis amigos me llaman Manolo y nada más ¿Que por qué me gusta vivir así? Pues has de saber que somos la escoria humana como algunos dicen de nosotros, y tienen razón, eso somos, escoria ¿No es cierto? Aunque, entiéndelo bien, no es por nuestra culpa: es el proceso. Todo tiene su proceso mi estimado, y en cada proceso hay deshechos, entonces no me preguntes más como llegué a ser lo que soy por que ni yo mismo lo sé. Fui cayendo gradualmente en un pozo sin que yo me diera cuenta, y para que lo sepas, en un momento de mi vida estuve arriba, si ahora me ves en ésta facha no me menosprecies hermanito, soy también hijo de Dios; lo sé porque en un tiempo creí en él y ahora lo dudo ¿Qué eso es contradictorio? A mi que me importa que sea contradictorio, creo en lo que quiero creer no en lo que tú o los demás quieren que crea. Y no pienses que estoy loco, la cabeza es lo que mejor me funciona. Camino miles de cuadras por las calles húmedas en invierno, sofocantes en el verano, pero sé donde voy; esa es la diferencia entre nosotros y los loquitos, esos que andan por ahí sin rumbo fijo cargando bolsas de basura por la ciudad creyendo que llevan un tesoro. Desde aquí diariamente los veo pasar; van y vienen, cada día más sucios, cada día con más bultos sobre su espalda. Me pregunto, y quiero que tú me ayudes a hallar una respuesta ¿Cómo funciona la mente de estos amigos? ¿Estaré yo así algún día? La respuesta correcta no me viene a la cabeza, sólo sé que tengo que seguir viviendo. A veces me comparo a los muchos perros vagos que transitan por acá buscando hueso. De ellos he aprendido a buscar, buscar sin descanso porque el que busca encuentra. Por conversar contigo estoy dejando de ir a buscar mi sencillito para mis gastos, pero no limosnas, ojo, no limosnas sino propinas. En la esquina de Méjico con Manco Cápac, cuando el semáforo cambia a rojo, aprovecho la oportunidad para limpiarles la luna del parabrisa a los automovilistas que se detienen. Algunos me dan unos cuantos centavitos; otros, desgraciadamente la mayoría, ni siquiera me permiten tocarles su lindo auto porque tienen asco de mí. A esas personas yo les perdono su infraternidad y nunca dejo de darles las gracias y una sonrisa. Sí, una sonrisa, porque aún me acuerdo de sonreír, pero con una sonrisa de felicidad. El día que ya no pueda hacerlo y ría como un idiota, seguramente me encontrarás cargando mis paquetes de basura y seré incapaz de contestarte como ahora. Espero que algún día todos aquellos afortunados de la vida, que pasan por aquí en sus automóviles, mirando con desprecio la mugre que nos rodea, aprendan a compartir fraternalmente los beneficios que les da el sistema. Lo poco que gano no creas que es para comida. No. La comida me la da doña Clota cuando estoy acá en La Victoria. Su negocio está por aquí nomás, yendo por Méjico volteando por Los Diamantes a una cuadra. Allí está la buena Clota, tengo que estar allí a las 2 de la tarde, calculando que ha terminado de vender su menú. Los centavos que gano son para la noche; entre todos hacemos una "chanchita" y compramos una botella de pisco "bamba" o "racumín", según lo que hayamos juntado; por lo general de dos a tres soles. ¡No! No me preguntes por mi amor propio, creo que lo dejé en aquel banco donde trabajé durante cinco años. Desfalqué y mi padre, un empleadito de cuello y corbata, tuvo que afrontar la situación y empeñarse en su trabajo para pagar la deuda y evitar que yo fuera a la cárcel. Allí acabó mi amor propio ¿Quieres saber más? Pues nunca pude volver a mirar de frente a mi padre, y cuando él murió al poco tiempo, perdí por completo la confianza en mí mismo. Si solo hubiera tenido el coraje de pedirle perdón cuando él aún vivía, las cosas hubieran sido diferentes para mí. Luego me hundí en las garras del alcohol. Me quedé sin trabajo, sin padre, ni esposa ni hijo. Solo tuve como compañeras a la botella y a mi madre; pero como no quise causarle dolor a ella, me vine con la botella a vivir en los parques. Aquí solo hago daño a mi mismo. Y basta ya de hablar de mí, hablemos de mis amigos, mis compañeros, sí señor, ellos son como mi familia. Normalmente aquí habemos unos quince "perdidos". Conversamos todas las noches y días enteros, sobre temas alturados, de actualidad como por ejemplo de la política y los políticos que son una mierda. Tratamos de permanecer juntos, pero eso a veces es difícil debido a nuestro natural instinto de libertad. Siempre estamos en la búsqueda de algo, vamos de aquí para allá sin encontrar lo que buscamos. El día que yo encuentre lo que busco ese día abandonaré este parque y estas calles, lo he prometido y no me preguntes que es lo que busco porque aún no lo se, y cuando lo sepa lo gritaré al mundo. De todos mis compañeros, sólo cinco son mis "patas" del alma. Con ellos formo un clan. Ellos son: Martín, quien proviene de una familia muy adinerada. A veces vienen a buscarlo en lujosos carros pero él no les hace caso. Recibe algo de plata pero no regresa con ellos. En una época su hermano menor se hizo tan amigo nuestro que se quedó con nosotros hasta que su familia lo rescató como a los tres meses; él ya no viene más ni siquiera a ver a su hermano, según parece lo enviaron al extranjero. Sigue Pepe, que es el más inquieto. A veces desaparece semanas enteras pero siempre vuelve; la última ves regresó con la cara abollada por los guardianes de un parque, lo agarraron por la madrugada, durmiendo y le dieron duro para que no volviera a malograr los lindos ambientes de esa jurisdicción. Sigue Nacho, le decimos así porque se parece al famoso actor de la televisión, mi otro pata es el colorao Chemo, de ascendencia yugoeslava, míralo allá está en ese grupito que conversa, aquel de pelo castaño; es muy tranquilo pero últimamente está tomando más de la cuenta. El es quien más limpio anda entre nosotros porque todas las semanas va a casa de sus padres, se muda la ropa y vuelve muy limpiecito y hasta con plata en el bolsillo; es por eso que él no limpia lunas ni pide nada a nadie como muchos de nosotros. Una vez su madre lo convenció para que regresara a la vida normal pero él solo aguantó un par de semanas con ellos. Nuestro mayor sufrimiento no lo causa el hambre, ni la sed, ni la soledad de la noche con el cielo y las estrellas por techo. Nuestro sufrimiento lo causan las propias autoridades quienes supuestamente deben velar por el bienestar de los ciudadanos. Mírame la cara, mírame bien la nariz. Está rota. Fue el varazo salvaje de un policía que me hizo ahogar en sangre; y aún tengo una costilla sumida que nunca será curada del todo; y tú quieres hablar de nosotros en tu periódico como si fuéramos muy importantes. Di a todos tus lectores que somos gente que, bajo nuestra aparente desgracia, somos felices o al menos dejamos de ser los infelices de antes. Vivimos en nuestro mundo, hecho por nosotros mismos, sin horarios, sin leyes y sin las presiones que tu sufres por ejemplo. Pobre de ti que debes cumplir con los convencionalismos sociales que te oprimen, y tienes que luchar en tu medio como lo hace cualquier animal en la selva por sobrevivir. Estoy por sobre todas esas cosas entiéndelo bien. Escribe que no somos animales, que merecemos el respeto de todos porque somos las víctimas del sistema y nos vengamos así, afeando la ciudad con nuestra presencia. Somos el cáncer de la ciudad. Pero no me quejo, nadie se queja, solo queremos que nos dejen vivir tranquilos. Los parques son nuestros. Me has hecho hablar mucho y empiezo a cansarme. Me he emocionado más de la cuenta, y deberé descansar un rato, pero no te preocupes, estoy acostumbrado a todo. Déjame tranquilo ahora, siento que me falta el aire. Hoy no limpiaré lunas hasta mañana; no me faltará un pucho de cigarro que mis amigos me den al anochecer. Solo te pido una vez más que me comprendas, que seas veraz y no distorsiones mis palabras. Escribe tal como te lo estoy contando, que el mundo comprenda como es nuestra vida en la calle. Y ya es tarde. Ya debe haber comida donde doña Clotita. Debo estar allí antes que me gane el hombre que compra sobras para sus chanchos. Adiós amigo y sé veraz. FIN

Acerca del autor
Rolando Sifuentes es el autor de estas páginas: Orión, e-zine de divulgación literaria. Sifuentes ha escrito también obras cortas para el teatro que fueron estrenadas en el teatrín de la ANEA (Asociación Nacional de Escritores y Artistas) por los años 1978 y 1982.
En 2009 salió a luz su libro de cuentos HOLA MICIFUZ y otros relatos de circunstancias, editado por Sol & Niebla. Reciéntemente se publicó su novela El Informal, bajo el sistema En Demanda por ls empresa Lulu Publishing, Inc.de Estados Unidos.
También puede adquirir el libro directo del autor, en Lima, Av. Canadá 3281, celular 997856459, San Luis. Hacer clic en: Cuentos y Novelas, que está debajo del mapa.
La novela El Informal se imprime en Nueva York. Entrando a la página de Lulu hay la opción de leer las primeras 10 páginas sin costo. El tema de la novela gira en torno al problema social que se suscita cuando el Gobierno Peruano opta por aplicar una nueva política económica a comienzos de la década de 1990: una historia de amor en un mundo de negocios que impacta al lector.

NOVELAS Y CUENTOS

Novela "El Informal" - 167 páginas de Rolando Sifuentes, anchi 145 alto 205, impreso en Nueva York, USA Una historia de amor y negocios en la que se ve el ingenio del emprendedor peruano al verse enfrentado a las adversidades. La historia está localizada en la Lima de principios de la década de 1990, cuando el Gobierno decide cambiar la política económica y miles de ciudadanos son empujados a la desesperación al haber perdido su trabajo. Solamente los más capaces y decididos triunfan, y no solo en el negocio sino también en el amor en tiempos de crisis.
Usted puede leer las primeras 10 páginas del primer capítulo de la novela click en: Vista Previa
Colección de cuentos "Hola Micifuz" por Rolando Sifuentes, 48 páginas, tamaño: ancho 145, alto 205, impresi en Lima, Perù. Van cinco cuentos de ambiente urbano, bueno para niños y grandes. Uno de los cuentos "Perdido en el Paraíso" se puede encontrar en el sitio web del autor Rolando Sifuentes El cuento en este sitio tiene el título "Reportaje". Todos están invitados a ir al sitio y leerlo. Las personas que deseen comprar el libro directo del autor, pueden valerse del presente mapa para llegar al punto. El valor del libro de cuentos es S/. 10.00 (diez soles). Celular 9978 56459 y el email es roland557@hotmail.com dirección: Av. Canadá 3281, San Luis, Lima.



Ver MIS CUENTOS Y NOVELAS en un mapa ampliado

libro de cuentos Novela El Informal



Visite también las páginas de poetas. Click en enlace para acceder a Poetas peruanos de todos los tiempos

Arriba
ARRIBA