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POESIA INDIGENA DEL PERU

Poesía Quechua, antologada por Federico de Onis
Poemas del drama quechua Ollantay - Primer Arawi
Versiones de Santa Cruz Pachacuti y Sebastián Barranca
VER NOTA 1

HIMNO A MANKO QHAPAJ (MANCO CAPAC)

Viracocha,
poderoso cimiento del mundo,
tú dispones:
«sea éste varón,
sea ésta mujer».
Señor de la fuente sagrada,
tú gobiernas
hasta el granizo.
¿Dónde estás—
como si no fuera
yo hijo tuyo—
arriba,
abajo,
en el intermedio
o en tu asiento de supremo juez?
Oyeme,
tú que permaneces
en el océano del cielo
y que también vives
en los mares de la tierra.
Gobierno del mundo,
creador del hombre.
Los señores y los príncipes
con sus torpes ojos
quieren verte.
Mas cuando yo pueda ver,
y conocer, y alejarme.

CANCION DE AUSENCIA

Jaray Arawi

¿La desventura, reina,
nos separa?
¿La adversidad, infanta,
nos aleja?

Si fueras flor de chincherkoma,
hermosa mía,
en mi sien y en el vaso de mi corazón
te llevaría.

Pero eres un engaño, igual
que el espejo del agua.
Igual que el espejo del agua ante mis ojos

¿Te vas, amada, sin que nuestro amor
haya durado un día?

He aquí que nos separa
tu madre desleal
para siempre
He aquí que la enemistad de tu padre
nos asume a la desgracia.

Mas, mi reina, tal vez nos encontremos pronto
si Dios, gran amo, lo permite.
Acaso el mismo Dios tenga que unirnos
después.

¡Cómo el recuerdo
de tus ojos reidores
me embelesa!
¡Cómo el recuerdo
de tus ojos traviesos
me enferma de nostalgia!

Basta ya, mi rey, basta ya.
¿Permitirás
que mis lágrimas lleguen a colmar
tu corazón?

Derramando la lluvia de mis lágrimas
sobre las kantutas
y en cada quebrada,
te espero, hermosa mía.

ARAWI

Morena mía.
Morena,
tierno manjar, sonrisa
del agua,
tu corazón no sabe
de penas
y no saben de lágrimas
tus ojos.

Porque eres la mujer más bella,
porque eres reina mía,
porque eres mi princesa,
dejo que el agua del amor
me arrastre en su corriente,
dejo que la tormenta
de la pasión me empuje
allí donde he de ver la manta
que ciñe tus hombros
y la saya revuelta
que a sus muslos se abraza.

Cuando es de día, ya no puede
llegar la noche;
de noche, el sueño me abandona
y la aurora no llega.

Tú, reina mía,
señora mía,
¿ya no querrás
pensar en mí
cuando el león y el zorro
vengan a devorarme
en esta cárcel,
ni cuando sepas
que condenado estoy
a no salir de aquí, señora mía?<

NOTA 1
(Primera Crónica y Buen Gobierno, de Huamán Poma de Ayala.)

VER NOTA 2

PRIMER ARAWI DEL OLLANTAY

Detente, no comas ya,
tuyita, tuyita mía,
en el predio de la infanta,
tuyita, tuyita mía,
No vayas a consumir,
tuyita, tuyita mía,
todo el tentador maíz,
tuyita, tuyita mía.
Está blanco aun el grano,
tuyita, tuyita mía,
y enjutas aun las mazorcas,
tuyita, tuyita mía.
Muy blanda está la sustancia,
tuyita, tuyita mía,
y tiernas aun las hojas,
tuyita, tuyita mía.
Honda hay para los golosos,
tuyita, tuyita mía,
y pupa habrá para tí,
tuyita, tuyita mía.
He de cortarme las uñas,
tuyita, tuyita mía,
a fin de no lastimarte,
tuyita, tuyita mía.
Echa de ver al pishkaka,
tuyita, tuyita mía.
Ahí lo tienes ahorcado,
tuyita, tuyita mía.
Pregunta a su corazón,
tuyita, tuyita mía,
trata de hallar su plumaje,
tuyita, tuyita mía.
El pobre fue destrozado,
tuyita, tuyita mía,
por haber picado un grano,
tuyita, tuyita mía.
Es así como tú encuentras,
tuyita, tuyita mía,
al pájaro decuidado,
tuyita, tuyita mía.
Y comprender
tú me verás
y sabrás de mí.
El Sol, la luna,
el día y la noche,
el tiempo de la abundancia
y del frío, están regidos,
y al sitio dispuesto
y medido
llegarán.
Tú, que me mandaste
el cetro real,
óyeme
antes de que caiga
rendido y muerto.

NOTA 2

(Relación de antiguedades de este reino del Perú, por JUAN DE SANTA CRUZ PACHAKUTI YAMEZI SALKAMAYWA.)

SEPARACION

Haray, harawi,
¿Qué suerte adversa nos separa, mi reina?
¿Qué barreras, mi princesa, nos dividen?
Hermosa mía, porque eres flor de chinchircoma,
en mi mente y en mi corazón te llevará.
Tú eres como reluciente líquido,
y cual espejo de agua pareces.
¿Por qué no me encuentro con mi enamorada?
Tu hipócrita madre causa nuestra mortal separación.
Tu padre contrario causa nuestro abandono.
Tal vez, reina, si el Dios todopoderoso quiere,
otra vez nos encontraremos y Dios nos unirá.
Recordando tus reidores ojos, me causa melancolía;
recordando tus alegres ojos, me siento enfermo.
¡Un poco, señor, un poco así!
Si a llorar me condenas, ¿no sientes compasión?
A mares lamento
sobre el jantus en cada valle
esperándote, mi beldad.

POESIA QUECHUA

Manco Cápac, fundador del Imperio IncaicoAdemás de la literatura oficial, la de los amautas, filósofos e historiadores, se cultivó en el Imperio de los Incas una variada poesía lírica, casi siempre asociada a la música, y, a veces, a la danza.
Suelen distinguirse en ella los hayllis o himnos, de tema religioso, heroico o agrícola. Entre los que van a continuación pueden verse dos muestras del primero y del tercer tipo en el himno de Manko Qhapaj y en el ¡Ayan haylli!

Además, se cultivaba el arawi, designación genérica de piezas líricas muy diversas: la pura elegía de amor, jaray arawi—por ejemplo, la siguiente Canción de ausencia—, el sankkay arawi o Canción de arrepentimiento, y la warijsa arawi o canción de la gracia. Famosos son los arawis incluídos en el drama Ollantay, de los cuales se publican aquí el primero y el tercero.
Había una tercera forma lírica, el wawaki, canto dialogado y coral semejante a las canciones de velador, el taki, también dialogado; el wayñu, al mismo tiempo música, danza y poesía; la qhaswa, canto y danza jubiloso; el aranway o fábula humorística, y la wanka, elegía fúnebre, de la cual ofrecemos la famosa compuesta a la muerte de Atahualpa. Tal es la clasificación que de los diversos géneros hace Jesús Lara.

Bibliografía: Literatura Inca, selección de Jorge Basadre, Biblioteca de Cultura peruana. I. París, 1938; NAPOLEON M. BURGA: La Literatura en el Perú de los Incas. Lima, 1940; LUIS ALBERTO SANCHEZ: La Literatura Peruana, 1946; JESÚS LARA: La Poesía Quechua, México, 1947.

Los poemas que preceden y la presente nota han sido tomados de: Antología de la Poesía Española e Hispanoamericana, Federico de Onis; Madrid

Sabido es que los poemas quechuas del antiguo Perú, fueron transmitidos de generación en generación en forma oral. Debido a esto, en algunos casos podemos encontrar versiones diferentes del mismo poema. Aquí presentamos otras versiónes de los mismos poemas antologados por Federico de Onis que se leen más arriba.
Este himno en honor a Wiracocha es la versión del cronista indio Santa Cruz Pachacuti.

HIMNO A UIRA-COCHA


¡Oh, Uira-cocha! Señor del Universo
ya seas varón,
ya seas hembra,
señor de la reproducción,
ya sea lo que fueres,
oh, Señor de la adivinación,
¿en dónde estás?
Ya estés encima,
ya estés debajo,
o acaso en derredor
de tu espléndido trono y cetro,
¡oh, escúchame!
En el alto cielo
en donde tal vez moras,
en el hondo mar
donde tal vez residas,
creador del mundo,
hacedor del género humano,
Señor de señores,
mis ojos son débiles
para mi ansia de verte,
para el solo deseo de conocerte
¡Fuérame dado verte,
fuérame dado conocerte,
fuérame dado comprenderte!
¡Oh, dígnate mirarme,
pues tú me conoces!
El sol y la luna,
el día y la noche,
la primavera y el invierno,
no en vano ordenaste,
¡Oh, Uira-cocha!
Todos ellos recorren
el camino que les señalaste;
todos ellos llegan
a la meta que les destinaste,
adondequiera que quisiste.
Tu cetro real
portas.
¡Oh, escúchame!
¡Oh, elígeme!
No permitas que me fatigue,
que me muera.
Oh creador de los hombres
tu siervo te habla
Dígnate mirarlo,
oh, acuérdate de él,
del Rey del Cuzco,
a vosotros también os reverencio,
Oh, Tonapa, mírame,
no me olvides.
Oh, tú, noble creador,
oh, tú, objeto de mis ensueños.
¿Será posible que me olvides
en el trance de la muerte?
¿Querrás desdeñar mi plegaria
o consentirás en darme a conocer
quien eres?
¡Oh, si me fuera dado conocerte!
¡Oh, si quisieras revelárteme!
Tú que me sacaste de la tierra
y me hiciste de barro,
¡oh, mírame!
¿Quién eres, oh creador?
Mira que ya estoy muy viejo.
¡Oh, ven pues,
grande como los cielos,
amo de la tierra
gran Causa Primera,
¡Creador de los hombres!
Diez veces te adoro;
con los ojos siempre
vueltos a la tierra
y ocultos por las pestañas
te busco ahora.

¡Oh, dígnate mirarme!
como a los ríos,
como a las fuentes
cuando jadeo de sed,
te busco.
Aliéntame,
¡ayúdame!
con toda la fuerza de mi voz
te llamo:
pensando en ti nos alegraremos
y regocijaremos;
esto diremos
y nada más.

ESCENA QUINTA del drama quechua "Ollantay", de autor anónimo en versión de José Sebastián Barranca

Ocho pequeños niños se presentan danzando, con tamborcitos y panderetas en las manos. Música en el interior: ellos cantan:

De mi princesa la mies
Pajarillos no comáis,
Ni terminéis con el maíz
Que sin dudarlo tierno es.
¡Ay Tuya! ¡Tuya!

Es él blando en su interior,
Aunque su corteza es dura;
De sus hojas la ternura
No marchitéis con ardor
¡Ay Tuya ¡Tuya!

Cuidado pues golosillos,
Que a millares os cojamos
En la trampa, que os hagamos
Lanzar tristes chirridillos
¡Ay Tuya! ¡Ay Tuya!

Y, si creerlo no queréis
Al Pisaca preguntad,
Que él os dirá la verdad
Y entonces os convenceréis.
¡Ay Tuya! ¡Tuya!

O si en el campo buscáis.
En pedazos le hallaréis;
Sí, como tal os veréis
Si un solo grano tocáis.
¡Ay Tuya! ¡Tuya!


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