Orión - ezine de divulgación literaria

POETAS CENTROAMERICANOS

Poemas de Rafael Heliodoro Valle, Manuel del Cabral, Clementina Suares, Dina Posada
José Coronel Urtecho, Rosario Murillo, José Roberto Cea, Rigoberto Paredes

DOS POETAS
NICARAGUENSES

RUSTICA CONJUX

José Coronel Urtecho

Sales en tu caballo con la aurora
y vas entre tus mozos la primera
a aventar el ganado a la quesera
donde la ternerada hambrienta llora.
¡Qué bien llevas tu rango de señora
junto con tus oficios de vaquera!
Tu corona es tu roja cabellera
que el sol naciente con sus rayos dora.

Después que ordeñas cuidas los terneros,
prensas los quesos, quemas los potreros,
y haces trabajos de carpintería.
Diosa campestre como Diana y Ceres,
así realiza todos tus quehaceres
desde el principio hasta el final del día.

YO LA MUJER DE BARRO

Rosario Murillo

"Se estremecieron las espesuras y las sombras"

Yo la mujer de barro
hecha y guardada por los siglos y siglos
surgida del mismo tiempo
con una costilla de más, me dice Adán
y una semilla de nancite para Eva
yo la mujer de barro
con un grito de triunfo me persigno
por la señal de mis piernas
Por la santa cruz de mis caderas
Con el clamor de mi ombligo que se ahueca
y exclama araña tus ojos
Soy la furia del tiempo sin cabeza
Como una cara sin rostro
o un final de amores sin espejos.
Viva vivo y he vivido en el barro
a través de los ríos y las estaciones
y las capas geológicas y las erupciones
y los sinfines de culturas que no acaban
y las que apenas principian
en medio de todo el ruido
Yo, mujer, cargo la furia de amamantarte y amarte
hombre de barro, mi esclavo y mi señor
yo tu señora y tu esclava
mujer arcaica o clásica o moderna
siempre orgullosa de mi hoguera temblando
en el centro de Venus mi temblor.
Mujer de barro yo, descabezada
guardo y dibujo fertilidad de luceros
descabellada, quebrada y recocida
de mi amor inicial sembré los frutos
sigo sembrando y pariendo
y recogiendo y regando
en este comal de silencios
aquí volteada a la izquierda
con la piel siempre inmensa
sumergida en el canto de barro, carne y caminos
sólo me asusto de las cosas que no entiendo
como la cibernética
o el átomo envuelto
o mis hijos con la rodilla en el suelo
sólo y de nada me asusto
me persigno.

POETAS
DOMINICANOS

Manuel del Cabral

NEGRO SIN ZAPATOS

Hay en tus pies descalzos: graves amaneceres.
(Ya no podrán decir que es un siglo pequeño.)
El cielo se derrite rodando por tu espalda:
húmeda de trabajo, brillante de trabajo,
pero oscura de sueldo.
Yo no te vi dormido... Yo no te vi dormido...
aquellos pies descalzos
no te dejan dormir.
Tú ganas diez centavos, diez centavos por día.
Sin embargo,
tú los ganas tan limpios
tienes manos tan limpias,
que puede que tu casa sólo tenga.
Ropa sucia,
catre sucio,
carne sucia,
pero lavada la palabra: Hombre.

AMNESIA

Por no tener memoria es que soy original.
Por no tener memoria es que soy creador
anterior a las formas y los números.
Todo recuerdo es límite,
tiempo,
defunción.
Mi cuerpo es un ayer,
mi Yo: mi siempre.
EL OLVIDO es mi Soy, mi sí perpetuo.
Existo cuando no recuerdo.
La luz me piensa pero ella es Tiempo,
ella no sacrifica su esplendor de forma.
Yo existo cuando no pienso.
Cada vez que recuerdo soy cadáver.

LOS RELAMPAGOS ANFIBIOS

Un paso más
y el mar no me perdona.

DOS POETAS
SALVADOREÑOS

FUEGO SOBRE EL MADERO

Dina Posada

Después de romper el áspero
castrante
hostil
cerrojo de las ataduras
apuñalé al pecado
cayendo agónicas
mis trabas y mis culpas

Dejé de pedir permiso para vivir

Disponiendo conocerte
abrí tus brazos en cruz
-cristo de mis pasiones-
y hundí el sabor
de mi presencia
en tus pies
en tu cuello
en la blanca playa de tu espalda

Recorriéndote fui creciendo
hoja de tu rama
rama de tu árbol
árbol de tu bosque
hoja loca al vaivén
de tu tronco elocuente

Empinando a la fiebre
mi despertar
caminé y rodé en tus cumbres
y tu sexo brotó
dejando su vasta lluvia
en mi rezumante tierra nueva

SALMO O DECIR MESTIZO

José Roberto Cea

Es verdad
aquí hubo una virgen, un príncipe encantado
y pájaros y dientes y vigilias.
Hubo un paraíso de verdad,
se lo encontraba en las veredas,
se le hallaba en las pozas, en los frutos, en el trabajo,
en ti se hallaba.
Las mozas no escondían la cara al entregarse ni después
se escondían.
También es cierto que la verdad no era encarcelada
ni en periódicos, la radio o la TV.
No era propiedad privada.
nadie la perseguía...
Pero no sé dónde se cruzó la nostalgia, ilusionó
y empezaron los barcos a venir,
llevaban y traían,
traían y llevaban más...
La sangre se mezcló, se cruzó el corazón...
Estos son los papeles entregados al tiempo.
Viene el corazón y el pensamiento, van allí y ahí
y ya no puede más la mansedumbre...

TRES POETAS
HONDUREÑOS

EL ANFORA SEDIENTA

Rafael Heliodoro Valle

Creo en la vida todopoderosa
que de el laurel a la melena endrina
y que en la Tierra Santa de la Espina
eleva su Jerusalén la Rosa.

Y en la diadema crisoelefantina
que en la cabeza lúgubre reposa,
y en el viento, que es de la golondrina,
y en el jardín, que es de la mariposa.

Creo que la neblina en la tormenta
arde en el ritmo puro y lo ilumina.
La noche es como un ánfora sedienta

en que fulguran gemas silenciosas...
Creo en la noche y creo en la neblina.
¿Mi corazón? Lo que yo tengo es rosas.

De Anfora Sedienta, 1922

CON MIS VERSOS SALUDO
A LAS GENERACIONES FUTURAS

Clementina Suáres

Sola,
por dejar un camino
y amontonar otros caminos,
con terrones de mi pueblo construí mi país.

Detrás de mí quizá quedarán muchas lágrimas
vertidas
pero con ellas fue que alimenté la esperanza.
Las puertas para mí estuvieron herméticamente
cerradas
pero la sabiduría de mi dolor supo andar y andar
hasta encontrar el auténtico sendero.

Cuesta vislumbrar la verdad
y el camino recto de la justicia.

Ahora,
a cualquier lugar que llegue
ya nunca puedo estar sola,
porque no comienzo en la sangre de mis
descendientes
sino que termino en ella.

¡Qué lejana la soledad de mi patria y mi sangre!
Hoy mi pequeñísimo cuerpo empuja las estrellas
y con mis versos saludo a las generaciones futuras.

COMO UNA ELEGIA

Rigoberto Paredes

Mamá ya tiene canas, mal humor y biznietos,
se levanta más tarde,
confunde días y fechas,
habla sola,
oye menos,
se le quema el arroz,
no ve sin los anteojos,
se sabe de memoria las telenovelas,
camina a duras penas
y sólo sale a misa.

Señora
(piedra viva
en mitad
del camino de la muerte)
yo la quiero como a una quinceañera.

De: Fuego lento. Antología personal