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Poeta Alvaro Mutis

POETAS COLOMBIANOS
CONTEMPORANEOS

Poemas de Alvaro Mutis,
León de Greiff
poema amoroso de Ismael Enrique Arciniegas,
José Ordoñez Rodriguez y
Carlos Alberto Villegas Uribe.

EN COLONIA

Ismael Enrique Arciniegas

En la vieja Colonia, en el oscuro
rincón de una taberna,
tres estudiantes de Alemania un día
Bebíamos cerveza.
Cerca, el Rhin murmuraba entre la bruma,
evocando leyendas,
y sobre el muerto campo y en las almas
flotaba la triteza.
Hablamos del amor, y Frank, el triste,
el soñador poeta;
de versos enfermizos cual las hadas
de sus vagos poemas:
"Yo brindo —dijo— por la amada mía,
la que vive en las nieblas,
en los viejos castillos y en las sombras
de las mudas iglesias;
por mi pálida Musa de ojos castos
y rubia cabellera,
que cuando entró de noche en mi buhardilla
en la frente me besa"
Y Kari, el de las rimas aceradas,
el de la lira enérgica,
cantor del sol, de los azules cielos
y de las hondas selvas;
el poeta del pueblo, el que ha narrado
sus campestres faenas,
el de los versos que en las almas vibran
cual músicas guerreras:
"Yo brindo —dijo— por la Musa mía,
la hermosa lorenesa
de ojos ardientes, de encendidos labios
y riza cabellera;
por la mujer de besos ardorosos,
que espera ya mi vuelta
en los verdes viñedos donde arrastra
sus aguas el Mosela."
"Brinda tú" —me dijeron—. Yo callaba,
de codos en la mesa,
y ocultando una lágrima, alcé el vaso
y dije con voz trémula:
"¡Brindo por el amor que nunca acaba¡",
y apuré la cerveza;
y entre risas y gritos, exclamamos:
"¡Por la pasión eterna!",
y seguimos risueños, charladores,
en nuestra alegre fiesta...
Y allí mi corazón se me moría,
se moría de frío y tristeza.


SONETIN

León de Greiff

Recibí los churupos —cien maracas—.
No es florecilla —rosa o dalia o cori—,
ni del Cisne el postrero gori-gori:
es un soneto más, sin alharacas.

Señor bardo Pastori, allá en Caracas.
No es madrigal o Doraminta o Clori,
ni varapalo a los Idola Fori,
ni a las trincas beocias o bellacas.

Es un soneto, acuse de recibo
de poeta a poeta —más ni menos—:
no es despedida ni es memento mori.

¡Oxte la morte! ¡Raca! Estoy muy vivo.
Saluda a los cofrades. Que estén buenos.
El soneto de hoy a Luis Pastori.

 SONATA

Alvaro Mutis

¿SABES QUE TE ESPERABA tras esos pasos del arpa llamándote de

     otro tiempo, de otros días?

¿Sabes por qué un rostro, un gesto, vistos desde el tren que

     se detiene al final del viaje,

antes de perderte en la ciudad que resbala entre la niebla y la lluvia,

     vuelven un día a visitarte, a decirte con unos labios sin voz, la

     palabra que tal vez iba a salvarte?

¡A dónde has ido a plantar tus tiendas!  ¿Por qué esa ancla que

     revuelve las profundidades ciegamente y tú nada sabes?

Una gran extensión de agua suavemente se mece en vastas regiones

     ofrecidas al sol de la tarde;

aguas del gran río que luchan contra un mar en extremo cruel y

     helado, que levanta sus olas contra el cielo y va a perderlas

     tristemente en la lodosa sabana del delta.

Tal vez eso pueda ser.

Tal vez allí te digan algo.

O callen fieramente y nada sepas.

¿Recuerdas cuando bajó al comedor para desayunar y la viste de

     pronto, más niña, más lejana, más bella que nunca?

También allí esperaba algo emboscado.

Lo supiste por cierto sordo dolor que cierra el pecho.

Pero alguien habló.

Un sirviente dejó caer un plato.

Una risa en la mesa vecina,

algo rompió la cuerda que te sacaba del profundo pozo como a

     José los mercaderes.

Hablaste entonces y sólo te quedó esa tristeza que ya sabes y el

dulceamargo encanto por su asombro ante el mundo, alzado al aire

de cada día como un estandarte que señalara tu presencia y el sitio

     de tus batallas.

¿Quién eres entonces?  ¿De dónde salen de pronto esos asuntos en

     un puerto y ese tema que teje la viola

tratando de llevarte a cierta plaza, a un silencioso y viejo parque con

     su estanque en donde navegan gozosos los veleros del verano?

No se puede saber todo.

No todo es tuyo.

No esta vez, por lo menos.  Pero ya vas aprendiendo a resignarte y

     a dejar que

otro poco tuyo se vaya al fondo definitivamente

y quedes más solo aún y más extraño,

como un camarero al que gritan en el desorden matinal de los

     hoteles,

órdenes, insultos y vagas promesas, en todas las lenguas de la tierra.

HACIA EL CADALSO

Tú no has conseguido nada, me dice el tiempo,
Todo lo has perdido en tu lid imbécil
Contra los dioses. Solo te quedan palabras.
Tú no has sido nada: ni padre ni guerrero,
Ni súbdito ni príncipe —ni Diógenes el perro;
Y ahora la muerte —cáncer y silencio en tu garganta—
Te hace besar las ruinas que escupiste.

Mas yo he sido: villano, un día; otro, vulnerable
Titán contra su sombra. Yo he vivido:
Arbol de incendios, semen de amo
Que por un instante tiene el mundo con su cuerpo.

El idiota repite estas palabras hasta el cadalso
Interminablemente: ¡He vivido!

LA CATEDRAL DE
SANTA MARTA

Soneto

José Ordoñez Rodriguez

Engastada en montantes exquisitos
y por arquitecto Supremo modelada
Imponentes se levantan sus arcadas
al conjuro geométrico de un mito.

Ahí tu voz se eleva al infinito
en casto beso de ferviente hada
y cual canto de sílfide postrada
vibra el mármol del altar bendito.

Así has vencido el andar del tiempo
el pulir del aguilón y del esteta
y los soles que tus tejados doran.

Y cual lamparín de luz del universo
en las noches el haz de tu silueta
dibuja miles de ángeles que oran.

Carlos Alberto Villegas Uribe

Es necesario
a veces
que los hacedores
de palabras
esos insomnes y antiguos
alfareros de versos
fabriquen
con arcillas de sueños
los otros yo
que llevamos ocultos
entre el ruido del tráfico
el pan de cada día
y el trabajo.

De: Bitácora de Ulises.

(de Isla Negra)


Lea también los primeros capítulos del cuento Maya:: Popol Vuh, Cuentos del Quiché en este mismo sitio




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