Ezine de divulgación literaria
Poemas Selectos de la Literatura Ecuatoriana   

   INDICE DE POETAS



NOCTURNO

Alfredo Gangotera


¡Crueldad, crueldad sin nombre, crueldad de mi pasión! ¡Y el elixir de las llamas que se derrama en el seno de mi /inquina! El huracán de todas las lágrimas puede abatirse en mi de- /solación. El rumor del embrujo, el aliento y la cadencia dulce de las /octavas, Me vienen puros como brisas contra todo infierno de con- /denación. Las flores de bruma despliegan sus alas y perfuman sus /sueños en mi noche. Como dos extrañas umbelas de venas, hacia ellas torno mis /ojos huraños. Espíritu torrencial que se nutre en las orales fibras de la /lluvia. Un ángel de amor fulgirá en la amorosa ruta de mis miradas. resuena, resuena con estridencia, huracán de las mareas. El húmedo zumbido de los palmares, como una aurora /boreal, Me otea detrás de las arenas del sueño. Recordadme, sabias criaturas que perduráis en vuestros /arrebatos. Dominadora naturaleza, yo acudo y me rindo a tus ins- /tancias. Que yo sea digno entre las flores, que yo sea limpiamente /digno de los ornamentos de la pradera. Dejad libre por lo menos a mi soplo. No me torturéis así, oh sílabas de mi lenguaje. Para colmo de ignominia, he aquí los hombres que se corrompen al son de sus palabras, y que no me constriñen a alimentarme del viento fétido de sus discursos. Labios míos de un día, proferid el insulto que me aniquile. ¡Venas, ensordeced! Si aquello no fuera sino un sueño a través del trágico silencio /de mi cuerpo. El cielo sonoro vela sobre nosotros como una llama vaporosa. Escurrimiento, escurrimiento de la tarde sobre mi sombra /y mi lentitud. Borda, amigo de la floresta, visitante de las lámparas, este encaje en torno de mí, como un dulce párpado. Tengo la inocencia de la arrobada azucena entre las aguas /movedizas de la noche. Oh fiesta de mis brazos en un recinto de seda. Que el agua de la gracia os visite, oh mis párpados, en vuestro /celo de blancura. Como el impelido pájaro que desgarra el firmamento del vuelo, Rompiendo esta roca de lágrimas, Levantaos osados y finos, oh mis párpados, en el árido espacio /del durmiente. Un movimiento de alas se insinúa entre las nieves y entre /las flores. Sé paciente y sueña, Oh mi alma, cerca del mundo, en la aterciopelada tumba de /mi pupila. Al unísono de los vientos late mi corazón en el furor de /las lluvias. ¡Pero que venga el paisaje! nacido de las aguas lejanas de /un murmullo. ¡Que venga al fin este hermano mayor de mi pupila a /abrirse como un canto de luz entre las hojas! Soledad de los astros, soledad de la sangre. Sonrío al otro lado de los montes a semejanza de la grandes /fieras. Decidme, oh flores, ¿cuándo los vientos y las brisas atribu- /ladas suspiran en el agua nocturna de vuestras corolas? Los aires me embalsaman y mecen silenciosamente, como un /sueño bajo la luna; silenciosamente, los encajes /esplenderán en la memoria de los pájaros ¡Zócalo de la morada! como las nieves sobre las augustas /cimas de otrora, Rubios encajes que se deshilan en la cabellera de los to- /rrentes. Eco familiar que me rindes en un rumor los aromas de la /anémona, Imperceptible eco: tus cuitas y tus sollozos van a perderse /tal el oro de las arenas, bajo la verde sombra de las /lianas que velan sobre la ventana. La luna de improviso, nueva en el mundo, me ilumina /como un ingente grito. La salvación está en la espera vigorosa, en esta voz vehemente /donde el alma, tal una ala de luz, vuela delante /de la visión. El azúcar ardiente de las flores os aclara con sus destellos /de la vida Recuerdo, Ah, sí recuerdo el cuerpo jadeante y húmedo de una mujer /entre mis brazos. Se juntan entonces los hálitos y las sombras que me exilan /del cielo de mi razón. Tú soplas, noche, como una boca de espanto en mis ojos. Vientos rompientes de las arenas del desierto. Vientos de terror que despejáis la ruta de los desastres a /través de mis lágrimas, ¡Marchad, oh vientos, Que bajo el cordial abrigo de las plantas mi frente se /ríe de vuestros rigores! El equinoccio abre grandes las tumbas. Oh mujeres añoradas, el alcohol canta vuestros senos de /flor, Y entre las arenas y las florestas, su nupcial lecho de con- /denación. Pero la más dulce habita mi alma como una semilla en /los vientos, El huracán erguido en mis lágrimas puede abatirse sobre /mi desolación.


El Alma en los Labios

PARA MI AMADA

Medardo Angel Silva

Cuando de nuestro amor la llama apasionada
dentro tu pecho amante contemples extinguida,
ya que solo por tí la vida me es amada,
el día que me faltes, me arrancaré la vida.

Porque mi pensamiento, lleno de este cariño,
que es una hora feliz me hiciera esclavo tuyo,
lejos de tus pupilas es triste como un niño
que se duerme, soñando en tu acento de arrullo.

para envolverte en besos quisiera ser el viento
y quisiera ser todo lo que tu mano toca;
ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento
para poder estar más cerca de tu boca.

Vivo de tu palabra y eternamente espero
llamarte mía como quien espera un tesoro.
Lejos de ti comprendo lo mucho que te quiero
y, besando tus cartas, ingenuamente lloro.

Perdona que no tenga palabras con que pueda
decirte la inefable pasión que me devora:
para expresar mi amor solamente me queda
rasgarme el pecho, Amada, y en tu mano de seda,
¡dejar mi palpitante corazón que te adora!

Diciembre, 1918


NEVER MORE

Ernesto Noboa Caamaño

Mírame bien: "Soy lo que pudo ser",
también me llaman: "nunca más",
Demasiado tarde". Adiós.

Pudo ser... ¡y no fue! Tú la elegida
fuiste para ser sol de mi camino,
¡pero un oculto, despiadado sino,
sólo un instante te acercó a mi vida!

Pudo ser y no fue. La presentida
por mi eterna inquietud de peregrino
de amor, fuiste en la noche del Destino
como una vaga irradiación perdida...

En medio de la sombra y la distancia,
reconoció tu espiritual fragancia
mi corazón, pero tembló cobarde...

Y sólo un punto —como dos espadas—
se cruzaron no más nuestras miradas
para decirse: "Demasiado tarde".


DESPUES DE NOSOTROS

César Dávila Andrade

Mañana, después de nosotros,
volverá a la pradera, en dulce péndulo,
a recorrer la música, un delirante festival.

Las alcobas cerradas
pasarán cabeceando hacia los arrecifes
de una ancha rosa azul.

¿Quién mirará en silencio
cruzar por los cristales detenidos
las cosas que terminan con la lluvia?

¿Quién abrirá de noche la unánime
novela que se lee alma adentro,
para buscar el fuego de los días
en la ardorosa y blanca intimidad?

Y, ¿quién verá en las noches de diciembre
salir, al través de las ventanas,
la música delgada de Franz Schubert
que, sollozando, cae en los jardines?

¡Ah, mañana, después de nosotros!

Cuando la primavera alce sus hojas,
¡qué luminosas potras de topacio
se empinarán de amor
sobre nuestros sepulcros apagados!

Sobre nosotros pasarán en junio
misas de punta azul y espuma blanca,
los gaseosos orfebres del crepúsculo
y el agua circular de las carretas
que marchan a cambiar largas hileras
de música con pensativas cosas.

Oh, si esta tierra inexorable
que hoy me cose los párpados, amada;
si esta tierra, al fin, se aclarara,
lloraría, temblando, sobre tus manos blancas
como cuando la fiebre me adelgazaba el alma…

¡Pero esta honda noche, se hace tarde!

Ah, y otra vez, errantes, los gitanos
volverán una tarde a nuestra aldea.
Sé que preguntarán por nuestras manos...
Les dirán que ya nadie puede leer en ellas,
que tenemos la línea de la vida
borrada por dos años de azucenas.

ESTOY BUSCANDO UN DIA

Violeta Luna

Estoy buscando un día
para entenderte a solas.
Un día sin murallas,
sin trampas ni gentíos.
Un día abierto y libre
como un cuaderno al viento.
Y no haya cortaduras
por cada nudo ciego.
Y no haya puñaladas
por cada frase fina.
A ratos,
hacemos cosas grandes,
como mirar al cielo.
para no ver a nadie.
Como cruzar los brazos
por no abrazar a tantos.
Estoy buscando un día
para vivirlo juntos.
La vida es un brebaje
que nunca lo pedimos,
hemos de hacerlo dulce
para beberlo a medias.
Por eso,
pensemos en ser simples
y no perdamos el tiempo.
La vida,
nos vino a desgarrones.
Debemos aceptarla
como una llaga impuesta.
A ratos,
hacemos cosas tristes,
como confiar en alguien
desesperadamente.
Como extender la mano
para salvar al necio
Estoy buscando un día
para poblarnos solos.
Para esperarte siempre
sin aguardar esperas.
A ratos,
hacemos cosas buenas:
como volvernos malos
para que nos sonrían.



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